Gastro Confesiones

Viejos recetarios

Viejos recetarios

Cualquier persona que se levante con antojo de comer botillo del Bierzo o pimentón de boquerones malagueño, no tendrá más que teclear en Google para obtener varias recetas

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

Pocas cosas se han visto tan amenazadas por la era digital como las fotos y los recetarios familiares. Hoy, unos abuelos pueden seguir las evoluciones de sus nietos en la otra punta del mundo al minuto, pero rara vez esas imágenes llegarán a la corporeidad del papel que garantice su permanencia. Del mismo modo, cualquier persona que se levante con antojo de comer botillo del Bierzo o pimentón de boquerones malagueño, no tendrá más que teclear en Google para obtener varias recetas. Hasta la generalización del acceso a Internet en las casas, la única forma de preservar y repetir los platos de la abuela era preguntar y anotar las recetas en una libreta que a menudo se estrenaba junto con la vida de casada y que en muchas casas pasaba de unas generaciones a otras como una herencia preciosa. Al contrario de lo que se pueda pensar, y como muestra Isabel González Turmo en '200 años de cocina', estudio antropológico pionero sobre los recetarios familiares, esos libritos no solían centrarse en platos cotidianos, sino en recetas extraordinarias. Aquel relleno de carne que a la tía Carmen le salía tan bien, los suspiros de coco de la vecina, el aliño de matanza o el pastel de pescado arrancado de una revista en la consulta del médico o en la peluquería. Recetas para días especiales, novedades, fórmulas de familia, cosas que llamaran la atención y que daban testimonio de un tiempo, unos gustos, unas circunstancias socioeconómicas. Las recetas de Internet desempeñan un papel valioso pero desprovisto de buena parte de ese valor sentimental y sociológico, porque ahí queda todo y todo se va mezclando y enredando. La recuperación de esa memoria ha movido a las periodistas gastronómicas Ana Vega Pérez de Arlucea y Carmen Alcaraz a lanzar el proyecto 'Los Recetarios', concretado en una página web (www.losrecetarios.es), donde se invita a personas anónimas a colgar sus recetarios familiares, convenientemente datados e identificados para «reconstruir la evolución de la gastronomía popular a través del tiempo y a lo largo y ancho del mapa». Preciosa causa.