Pablo Castillo, estilo propio en busca del reconocimiento local

Pablo Castillo, estilo propio en busca del reconocimiento local

no deja de acumular reconocimientos locales, desde el premio a la Mejor Tapa de 'Málaga en la Mesa' en una de las finales de más nivel, la de 2017, hasta el último, el Premio a la Mejor Tapa Cinco Estrellas en la Ruta de la Tapa de Marbella y San Pedro Alcántara

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

A pesar de que su Savor Restaurante y Tapas está en esa suerte de territorio independiente dentro del panorama gastronómico que es San Pedro Alcántara («no somos ni Marbella ni Málaga, sino un pueblo con idiosincrasia propia», dice), la cocina de Pablo Castillo no deja de acumular reconocimientos locales, desde el premio a la Mejor Tapa de 'Málaga en la Mesa' en una de las finales de más nivel, la de 2017, hasta el último, el Premio a la Mejor Tapa Cinco Estrellas en la Ruta de la Tapa de Marbella y San Pedro Alcántara 2019, un clásico certamen con 11 años de trayectoria.

Tan es así, que en la carta de Savor hay apartados como los 'Atunes con Premio', que recogen sus creaciones distinguidas con este producto como protagonista. Pablo Castillo, de 43 años, no deja pasar ninguna oportunidad convertirse en profeta en su tierra. Se hizo cocinero «por tradición familiar». Criado en Pedregalejo, su tío Carlos Castillo tomó el relevo de la abuela de Pablo en la cocina de Marengo, donde bullían cazuelas de guisos tradicionales y especialidades como el lomo en manteca, que hoy él usa como base de una versión personal.

Con su tío cruzó el Atlántico Pablo Castillo con rumbo a Cuba en 2009, tras formarse en la Escuela Bellamar y hacer la 'mili' en cocinas de hoteles como el Kempinski; el restaurante Mesana, donde trabajó a las órdenes de Ramón Freixa, o el Ocean Club, primer 'beach' de Marbella. Durante los cinco años de estancia en Cuba en hoteles de lujo obtuvo dos reconocimientos nacionales y tentadoras ofertas para volver, pero él apostó por un proyecto propio, Savor, y no ha dejado de concurrir a concursos como una forma de darse a conocer entre la gente de la zona.

«Yo no suelo crear platos para competir; presento platos de mi carta; una carta de base mediterránea que juega con influencias cubanas y asiáticas sin descuidar nunca el productazo que tenemos aquí. Pescados, verduras ecológicas de Estepona y flores y hierbas aromáticas también de proveedores locales». El boca a boca ha sido clave para la consolidación. «Mi clientela es local, pero más bien un cliente extranjero residente en la zona, exigente y fiel», y la asignatura pendiente, llegar al público cercano: «Los premios al menos me ayudan a que me conozcan más mis vecinos», sonríe. (www.restaurantesavor.com).