Gastroconfesiones

El ostracismo de Jamie Oliver

El ostracismo de Jamie Oliver

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

En la democracia ateniense, hace 26 siglos, se puso en marcha el ostracismo, proceso destinado a proponer el destierro de personas que fueran un peligro para la supervivencia del sistema. Así, una vez al año, se invitaba al pueblo a escribir el nombre de un conciudadano potencialmente dañino y depositar su propuesta de forma anónima entre un montón de votos más. El invento tenía sus fallos. El más previsible era que la gente, protegida por el secreto del voto, aprovechó a menudo para señalar a personas que le eran antipáticas o a las que envidiaba. Plutarco cuenta en la biografía del estadista Arístides una anécdota, según la cual, estando este presente en la asamblea donde se proponían los candidatos al destierro, se le acercó un hombre analfabeto y le pidió que escribiera el nombre de Arístides por él, y cuando el aludido le preguntó, sin identificarse, el motivo, éste le dijo: «Ni lo conozco, pero me molesta oírle llamar por todas partes 'El Justo'». Los tiempos han cambiado, y ahora en vez de nombres escritos en conchas, para esos linchamientos existen las redes sociales, que también garantizan el anonimato del acusador. Una de las últimas víctimas es el mundialmente famoso cocinero británico Jamie Oliver, que en parte por una mala gestión y en parte también por el golpe que para la economía británica está suponiendo el proceso del 'Brexit' ha tenido que reconocer la quiebra de su cadena de restaurantes, con la consecuencia de un millar de trabajadores enviados al paro. Para tratar de frenar la catástrofe, en 2018 el chef inyectó cuatro millones de libras al negocio, sin éxito. Lo más curioso es que, según relata la columnista gastronómica del magacín cultural 'New Statesman America', Felicity Cloake, los multitudinarios mensajes de odio de sus compatriotas no se han limitado al fracaso empresarial, sino a atacar sus campañas por la reducción de azúcar en los alimentos procesados, por la regulación de la publicidad de alimentos o por la democratización del acto de cocinar. Si lo destierran, propongo acogerlo en España. Me da igual que ponga chorizo a la paella.