Málaga en la Mesa

Cierra el California tras 30 años sirviendo camperos en la Merced

La hamburguesería California abría sus puertas en 1984,
La hamburguesería California abría sus puertas en 1984, / Ángel de los Ríos
  • La jubilación de uno de los dueños y la bajada de las ventas llevan a la propiedad a cesar la actividad

Ha formado parte de la vida de varias generaciones de malagueños que, sobre todo en la década de los 80 y 90, convirtieron el establecimiento en el punto de encuentro de sus primeras salidas los fines de semana. La hamburguesería California abría sus puertas en 1984 con un concepto innovador en todos los sentidos: desde los productos que ofrecía hasta la decoración del local. Cuando se cumplen 31 años de aquella aventura empresarial iniciada por los hermanos Manuel y Antonio Palomo, la empresa echa el cierre y desde hace solo unos días un cartel de ‘Disponible’ recibe a los clientes más incondicionales. La jubilación de Antonio unida a la caída de las ventas han llevado a la familia a bajar la persiana. Manuel Palomo asegura que a día de hoy el local no es rentable con la actividad actual. "Estamos convencidos de que sí podrá serlo para otro tipo de comercio, pero no para uno de comida rápida. Nuestro éxito cuando desembarcamos estaba basado en la cercanía de los cines", afirma sin ocultar un tono de tristeza que le lleva a reconocer: "Las franquicias que han ido abriendo por el centro nos han terminado comiendo a nosotros".

La estética típica de los restaurantes americanos de la década de los 50 del pasado siglo que hoy están recuperando algunas franquicias ya formó parte del éxito del California hace 30 años. Aún no habían llegado a Málaga las grandes cadenas de comida rápida y sus hamburguesas, camperos, revueltos y crepes empezaron a atraer en masa a los adolescentes de la época. Reconocen sus dueños que los típicos bocadillos malagueños ya triunfaban en el barrio de La Victoria cuando ellos llegaron, pero las modificaciones que ofrecían al campero clásico les convirtió en el local de moda. El rey de la carta, asegura Manuel Palomo, fue el ‘Gilipollo’. Su innovación consistió en introducir un filete de pollo a la plancha. "Era uno de los que más se pedían, aunque más de uno se veía en un apuro a la hora de decir su nombre. No se atrevían. Póngame uno de esos, nos decían señalando la carta", recuerda con humor.

Antes de abrir el establecimiento con su hermano, Manuel ya había recorrido los cinco continente a bordo de cruceros en los que trabajó durante años como marinero, como él mismo se define. La compañía para la que trabajaba estaba radicada en California. Sus instalaciones presentaban una original decoración "típica americana de mediados del siglo pasado, como de la película 'Grease'". Tras un último viaje a Singapur, Manuel decidia echar el ancla en la ciudad y abrir un local "diferente y hasta entonces inédito en Málaga" al que incorporó no solo el nombre de la ciudad de su anterior empresa, sino también aquella estética que tanto le impactó.

Desde entonces, hasta cuatro generaciones de la familia Palomo han contribuido al mantenimiento de la hamburguesería. "Mi padre ya venía a echarnos una manita cuando el local se llenaba y había colas para conseguir un sitio". Con los años, se fueron incorporando sobrinos y hasta nietos. Relevo general suficiente como para haber mantenido abierto el negocio. "Uno debe saber cuando le ha llegado la hora de retirarse y eso nos ha pasado a nosotros", afirman.