Lo ve que no ve Instagram

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

La pulsión por fotografiar y mostrar lo que comemos fue el acelerador que convirtió Instagram en la red social de moda, y si hubiera vida inteligente en otro planeta y sus habitantes tuvieran que hacerse una idea acerca del ser humano a partir de lo visto ahí, pensarían, tal vez no desacertadamente, que estamos obsesionados con la comida. En su libro 'The fate of empires' (1978), el militar británico Sir John Bagot Glubb extrajo las constantes que se han repetido en el declive de todas las grandes civilizaciones, y destacó la frivolidad como una de ellas. La gastronomía nos obsesiona en el lado opulento del planeta como un deseo alcanzable, más allá de que comporte implicaciones más elevadas y cuestiones fundamentales, como la nutrición, la sostenibilidad o la cultura.

A modo de antídoto, o de bofetón contra el síndrome de la estupidez, Japón, país prolífico en producciones literarias y televisivas que convierten la gastronomía en género narrativo ('El gourmet samurai', 'Midnihgt dinner Tokio stories', 'Kantaro, el empleado goloso' en TV, y en cómic, 'Oishinbo' o 'El gourmet solitario'), acaba de lanzar la miniserie 'Hyper hardboiled gourmet report' (en España, en Netflix), un producto singular donde los haya. El título podría traducirse como 'Informe gourmet hiper extremo', y parte de esta premisa: «Si la gastronomía habla de nosotros, ¿qué cuenta de los parias del mundo su comida?».

Y en formato de 'reality show', con el cómico Kazutoyo Koyabu como estupefacto espectador en el papel de payaso de tragedia shakesperiana (la serie tiene momentos muy duros de digerir), nos ofrece el trago de ver cómo viven y qué comen supervivientes del ébola o ex niños soldados de Liberia; miembros de bandas latinas y negras en Los Ángeles, inmigrantes retenidos en campamentos fronterizos en Serbia, ex convictos... En Liberia, arroz con curry de hojas de patata ganado con la prostitución o un cuenco que aquí sería una ración con una cabeza de pescado por toda proteína para una familia y solo cuando toca comer. Como dice el presentador: «¡Y yo hablando de texturas!».