Cuchara

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

Luengo, una de las firmas de legumbres más importantes de España, ha lanzado una inteligente campaña publicitaria en la que afirma que las legumbres son «la nueva pasta». La agencia creativa Señora Rushmore y su cliente han entendido bien que las nuevas generaciones de consumidores las consideran necesarias y beneficiosas, pero andan escasas de ideas sobre cómo comerlas. «Con las legumbres todos somos como esos grupos que solo tienen un éxito», arranca el spot, mostrando una secuencia de platos de cuchara, para luego continuar con imágenes de platos combinados, ensaladas y otras combinaciones. Bravo por ellos, porque es cierto, como dicen, que las legumbres «pegan con todo», pero lástima que la realidad sea que la cuchara tiende a desaparecer de la cocina de las casas, y que en la mayoría de restaurantes su presencia es ya poco menos que testimonial. Como dice el historiador y gastrónomo Fernando Rueda, «es posible que lleguemos a olvidarnos de para qué sirve ese cubierto». En arqueología, el hallazgo de dentaduras muy deterioradas correspondientes a la etapa paleolítica indica que sus propietarios llegaron a una edad avanzada gracias, posiblemente, a que sus compañeros de tribu hallaron la manera de darles de comer elaboraciones nutritivas y fáciles de masticar: caldos, sopas y purés, para los que se utilizarían rudimentarias cucharas. Así, los platos de cuchara no solo representaron un paso en la evolución de esa habilidad humana de transformar los alimentos que es la cocina, sino en la propia evolución del ser humano, ya capaz de compadecer y cuidar a los más débiles. Para quienes tenemos memoria de la cuchara, ésta representa el calor del hogar; una medicina para el cuerpo enfermo y una suerte de acto de amor, y también de creatividad. Basta mirar cualquier recetario de cocina tradicional para ver cuánto puede salir de una humilde olla. Puede que la cuchara pierda la batalla frente al tenedor y que las nuevas generaciones crezcan con otro concepto de la cocina hogareña, pero sería una pérdida histórica, la verdad.