La cruzada de la comida real

Muchas dietas actuales serán modas pasajeras, pero en todo caso fruto de nuestra escasa cultura alimentaria

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

Cuando Ferran Adrià dijo que la alimentación del futuro sería «a la carta», estaba adelantando una situación que en poco tiempo se ha hecho realidad, y se podría decir que se quedó corto, porque los profesionales de la restauración se enfrentan a diario a la necesidad de adaptar platos y menús para clientes con restricciones dietéticas debidas a enfermedades diagnosticadas (celiaquía, intolerancia a la lactosa, alergias...) o a decisiones individuales. Si nos centramos en este último grupo, exceptuando a los veganos, en cuya renuncia a los productos de origen animal pueden primar motivaciones éticas (se compartan o no), en el resto de las opciones dietéticas la razón suele ser mejorar la salud y perder peso.

Muchas dietas actuales serán modas pasajeras, pero en todo caso fruto de nuestra escasa cultura alimentaria. Dentro de los muchos movimientos hay uno interesante: la cruzada por la comida-comida, representada por nutricionistas conocidos como Aitor Sánchez, autor de los libros 'Mi dieta cojea' y 'Mi dieta ya no cojea', y el joven Carlos Ríos, todo un gurú en Instagram (un millón de seguidores), creador del movimiento #realfooding. Ríos, que también tiene un libro, 'Come comida real', y una página web (https://realfooding.com) donde explica su filosofía y ofrece servicios personalizados de dieta con lista de precios, se dio a conocer publicando en Instagram fotografías que denuncian la presentación engañosa de productos comunes de un supermercado líder en ventas en España.

Casi siempre en la misma imagen, ofrece alternativas saludables que se pueden encontrar dentro del mismo supermercado, no porque anime a comprar en este o en ningún otro (en su página web anima a visitar más el mercado que el súper), sino porque su cruzada se dirige contra los alimentos ultraprocesados y contra la tristemente extendida costumbre de comprar mirando el etiquetado nutricional en lugar de la lista de ingredientes de los alimentos. En definitiva, una información útil, y una cruzada que en realidad deberían estar liderando las administraciones públicas.