A VUELTAS CON LAS SOBRAS

A VUELTAS CON LAS SOBRAS

No ha sido costumbre hasta hace poco pedir que nos empaqueten para llevar aquello que no podemos consumir del plato que vamos a pagar en el restaurante

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

En España, tal vez porque nuestra hidalguía heredada nos hace avergonzarnos de ciertas cosas, no ha sido costumbre hasta hace poco pedir que nos empaqueten para llevar aquello que no podemos consumir del plato que vamos a pagar en el restaurante. En los países anglosajones, la llamada 'doggy bag', o 'bolsa del perrito', es un uso muy extendido hace muchos años. Aquí cada vez más gente se anima a pedir las sobras de su propia comida para llevar, y hasta ahora, en las veces que he sido testigo de ello, no he visto a ningún restaurador negarse. En España también somos muy dados a protestar cuando se nos impone algo, y en este caso los que se revuelven son los restauradores gallegos ante la inminente imposición normativa por parte de la Xunta de Galicia de entregar las sobras de sus platos a los clientes, con el fin de reducir el desperdicio alimentario. En un abrir y cerrar de ojos, ante una norma aparentemente sensata y bienintencionada se han planteado todo tipo de dudas y reservas, y al menos parte de ellas son fundadas. La primera objeción, esgrimida por el chef Pepe Solla, es el riesgo de infección alimentaria. «La comida está preparada para consumir en el momento (...). Llevarse las sobras implica un riesgo sanitario porque hay que transportarla, y no se sabe cómo se va a conservar ni cómo se va a consumir». Otros aluden por ejemplo al coste añadido de los recipientes, especialmente si, como dentro de poco será obligatorio, están hechos de materiales biodegradables. Lo segundo se puede resolver cobrando el importe del recipiente o invitando a la gente a llevarse sus tuppers, por ejemplo. Lo de la seguridad alimentaria es más difícil de solventar. Porque el restaurador puede advertir al cliente de la peligrosidad, pero no está libre de ser denunciado si se niega a dar las sobras o si alguien enferma. Una medida más sabia la propuso la Junta de Andalucía en la Ley de Promoción de la Vida Saludable, pendiente aún de aprobación definitiva: Obligar a que se ofrezcan medias raciones incluso en los menús. Pero no crean, tampoco esta idea llovió a gusto de todos.