Ulla Höhn: «Hoy día no sabemos comer sin carne o pescado»

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«Hay casos de gente que experimenta malestar tras la comida y es porque no comen bien, no mastican, no se paran»

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

Veinte años lleva Ulla Höhn como nutricionista en la Clínica Buchinger-Wilhemi de Marbella, donde reciben a clientes de todo el mundo que buscan un paréntesis en el ajetreo de sus vidas y seguir, entre otras actividades, sus dietas y ayunos curativos. Referente de una tendencia en alza, el 'mind foodness' o alimentación consciente, defiende que no importa solo qué comemos, sino cómo vivimos, y que alimentarse bien es mucho más sencillo de lo que parece.

-¿Qué lleva a la gente a acudir a un centro como la Clínica Buchinger?

-Definitivamente, la necesidad que existe en la sociedad de buscar el equilibrio en todos los sentidos. El estrés nos demanda parar, despejar la mente y escuchar al propio cuerpo.

-Ustedes son especialistas en ayunos terapéuticos. ¿Por qué ayuno?

-En nuestro caso forma parte de todo un programa de descanso y de actividades que persiguen el bienestar. Y ayuda porque durante un tiempo de privación de la comida sólida la consciencia aumenta en todos los sentidos, y ayuda no solo a apreciar la calidad de los alimentos, sino la calidad en el sentido más amplio. Calidad de vida, calidad del producto, calidad en el momento de disfrutar la comida.

-O sea, que importa no solo lo que comemos, sino cómo comemos.

-Es parte del todo. El de la comida debería ser un momento de calma, que nos permitiera apreciar el alimento. Hay casos de gente que piensa que sufre intolerancias alimentarias cuando experimentan un malestar después de la comida, y es simplemente porque no comen bien, no mastican, no se paran.

-¿Es difícil cambiar esos hábitos?

-Puede ser más sencillo de lo que parece. En España tenemos un modelo muy cercano, la dieta mediterránea, pero si digo dieta mediterránea, me refiero a los hábitos saludables que teníamos hace unos 50 años, que era un modelo fantástico. Hoy día haría falta una pequeña adaptación, porque nuestro estilo de vida ya no es tan activo, no quemamos tanta energía y deberíamos disminuir un poco la cantidad de grasa, las cantidades en general, y volver a situar los vegetales como fundamento de la dieta. Legumbres, ensaladas, fruta natural en vez de productos elaborados, y un consumo muy limitado de productos animales como la carne roja. Hoy día no sabemos comer sin carne o pescado en todas nuestras comidas.

-¿Cómo se puede cambiar esa tendencia?

-Desde mi punto de vista, cuenta la decisión personal. Hoy encontramos muchos casos de gente joven con problemas de salud, incluso cuando tengan actividad física. Cuando llegan situaciones de enfermedad ya necesitamos ayuda profesional para corregirlo, pero nuestro enfoque es ayudar a las personas que todavía no tienen patologías y decirles: «Está en tus manos corregirlo». Si consideramos la influencia genética, que existe, al final es un 25%, pero el 75% es nuestra decisión; decir: «¿Quiero estar bien o me quedo con el placer a corto plazo?». Porque lo que decido tiene un impacto en la salud a largo plazo.

-Ustedes también defienden una alimentación basada en productos vegetales.

-Sí, pero en todo caso yo no favorecería una dieta completamente vegana que excluya del todo los alimentos de origen animal, porque implica tener que suplementar para no sufrir déficits nutricionales. Si alguien dice «yo soy vegano», por supuesto lo respetamos, pero el concepto que favorecemos es más bien el del equilibrio, un predominio de los alimentos vegetales, en nuestro caso incluyendo también de forma moderada alimentos como huevos, un poco de pescado o lácteos, pero no a diario, y favoreciendo la calidad. Es más costoso, pero si espaciamos el consumo, es llevadero.

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