Al turismo, opciones en la carta

Al turismo, opciones en la carta
Málaga en la mesa

La restauración, si quiere ser competitiva fuera o dentro, ha de empezar a tener en cuenta la actual diversidad de dietas

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

Hace 25 años, con los Juegos Olímpicos de Barcelona y la Exposición Universal de Sevilla 92, España escenificaba su ingreso en la modernidad como país capaz de ofrecer mucho más que sol y playa. En aquella época servidora estudiaba en Madrid, y en el regreso a Málaga en junio, el autobús hizo parada en una venta de La Mancha, cargado, algo anormal entonces, de turistas extranjeros en el pasaje.

El personal de la venta, poco acostumbrado a guiris, recibió a los no hispanoparlantes con exasperación y hostilidad, hasta el punto de que algunos pasajeros tuvieron que intervenir para explicar a los camareros que aquellos señores no eran sordos y que por más que gritaran que la consumición eran 300 o 1.000 pesetas, no los iban a entender. En aquel momento emergían destinos como Túnez o Turquía, y el sector hostelero de la Costa del Sol, mucho más experimentado que el de Tembleque, se aprestaba a competir desplegando sonrisas, estudiando inglés y reformando la planta hotelera. Hoy, ese sector experimentado sabe que el visitante extranjero (excluyendo el turismo de alcohol) estudia el destino de antemano, conoce y se interesa por la gastronomía, la cultura o las tradiciones, y sobre todo, exige, reclama y, con el arma de las redes sociales, puede hacer mucho daño si no sale contento.

La semana pasada, el destino Málaga-Costa del Sol recibió una patada en el trasero en redes y medios (que beben de ellas) por una turista vegana a la que se le sirvió un plato insatisfactorio en un restaurante, todo hay que decirlo, cuya carta ya anunciaba que no era el paraíso de los veganos. El restaurante afirma que trató de ofrecer alternativas y de improvisar algún plato, pero más allá de la anécdota, la restauración, si quiere ser competitiva fuera o dentro, ha de empezar a tener en cuenta la actual diversidad de dietas. No se trata de servir quinoa, algas o judías azuki, que por otra parte van entrando en nuestra dieta como en su día entraron el tomate o la patata.

En el propio recetario tradicional hay opciones: gazpachos y porras, adobillos, potajes... Se trata de tener visión y conciencia de que en esta liga todos los destinos turísticos juegan fuerte.

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