Toledo, el sabor del patrimonio

Toledo, el sabor del patrimonio
Málaga en la Mesa

Caza menor, vinos y quesos manchegos, el mejor mazapán... y carcamusas

Considerada con razón una de las ciudades más bellas de la Península, capital del imperio de Carlos I, cantada por Garcilaso y amada por El Greco, la importancia de su patrimonio desplaza la de la oferta gastronómica de Toledo, puesta en valor con la capitalidad española de la Gastronomía en 2016. La despensa de Toledo descansa en la tríada de trigo, aceite de oliva y vino, con denominaciones de origen activas e importantes en los dos últimos. Completan esta despensa la caza (perdiz y venado en especial); los quesos manchegos y el cordero; el mejor azafrán del país, con museo en el pueblo de Madridejos y fiesta por estas fechas en Consuegra; y el mazapán. Toledo es ciudad de leyendas, y la historia de una de las tapas más ubicuas, las carcamusas, también tienen la suya, aunque el origen no se hunda en la noche de los tiempos, sino a hace medio siglo en el Bar Ludeña, en la plaza de la Magdalena, donde confluían el Casino, que congregaba a los 'carcas', y una academia de señoritas, las 'musas'. Tras el ingenioso nombre se esconde un plato de magro con tomate enriquecido con diversos tropezones; chorizo, guisantes, etc. Mucho más añosas son las perdices a la toledana (braseadas con hortalizas, laurel y pimienta) o en escabeche, la caldereta de cordero, el pisto manchego o el asadillo, que numerosos restaurantes rescatan y ofrecen con cocciones y presentaciones actuales. Y por supuesto el mazapán, cuya tradición se remonta en la ciudad al siglo XIII y que ofrecen, en serpientes y otros formatos, diversas pastelerías, pero que hacen delicioso también los conventos de clausura, incluyendo el de San Clemente, al que se atribuye su introducción en la ciudad y que aún lo elabora y vende en su torno.

Contenido Patrocinado

Fotos

Vídeos