Tita Ché Málaga, cocina popular

Tita Ché Málaga, cocina popular
SUR

Platos tradicionales elaborados con productos malagueños

ENRIQUE BELLVER

Indudablemente no basta con definir una clase de cocina como «cocina popular» para que realmente sea eso. Una cocina 'popular' debe gozar de una gran aceptación por todo tipo de público, y eso es precisamente lo que han conseguido Pepe Rodríguez y su esposa, Isabel Martín, con la indiscutible ayuda de su hijo Raúl, formado en La Cónsula: han hecho de Tita Ché uno de los restaurante de cocina popular más identificables de toda la ciudad.

La historia de este restaurante hay que buscarla en Cártama, localidad donde los padres de José Luis tenían un bar. Este, cuando se casó, decidió abrir su propio negocio y lo hizo en la Barriada de La Paz (Bar Pepe), y de allí a la actual ubicación, siendo casi desde el primer momento un lugar donde la cocina popular se ha hecho clásica. Hoy Tita Ché goza de unas expectativas muy halagüeñas dada la calidad de los productos que a diario se utilizan, a la bondad de los precios y a la simpatía de quienes atienden la sala.

Tita Ché Málaga

Dirección y teléfono:
Francisco de Cossío, 12; 952 173 098
Cierra:
Lunes
Precios:
Caldo de pintarroja: 2 €; Tortilla de ajetes: 8 €; Cordero cous cous: 16 €
Valoración:
Cocina 7,5; Sala: 7; Carta Vinos: 7; Calificación: 7/10

La carta de esta casa es un claro ejemplo de cómo la sencillez hace triunfar una propuesta gastronómica. Adolfo Gea, jefe de cocina, hace hincapié en la versatilidad que tiene la cocina malagueña, aunque hay concesiones a otras elaboraciones del recetario andaluz.

Me gustaron las propuestas por parte de Raúl, incluidos los vinos, un Garnacha blanca de Navarra, Dominio de Unx, que estaba para ponerle un pisito, y un tinto valenciano muy interesante, Venta del Puerto Núm. 12. Originalidad vinícola de calidad para unos platos donde el sabor lo era todo. Muy acertado el caldillo de pintarroja con ese toque picante que reforzaba su sabor y que engrandecía en boca la Garnacha blanca. Después, y para continuar con sabores marineros, unas coquinas salteadas sin un grano de arena, como deben hacerse, y muy jugosas. Para romper sabores, incluso del vino, unas alcachofas con foie y huevo roto. Este plato es difícil de combinar dada la fuerza de los ingredientes, pero Adolfo ha conseguido domesticar tres sabores y convertirlos en uno solo. Me encantaron, lo mismo que me encantó ese falso risotto de trigo con setas por su textura y suavidad en boca.

Para finalizar, unas mollejas de cordero salteadas. Una vez más en este plato Adolfo demostró la importancia que tiene la temperatura del aceite a la hora de freír un producto tan delicado como son las mollejas de cordero, ya que si se pasan de tiempo el resultado es una molleja demasiado seca en boca y poco crujiente.

Tita Ché es uno de esos restaurantes 'de barrio', ubicados fuera de todo circuito gastronómico, que bien merece la pena conocer, porque el producto y la forma de cocinarlo son una garantía. La oferta de platos en la carta relacionados con el mar es muy atractiva. Desde las almejas salteadas, pasando por unas peregrinas al pil pil o al natural, rosada en adobo, bacalao frito, etc, hasta una merluza en salsa de vino de Sauvignon Blanc. En las carnes hay menos diversidad, pero tanto el cordero como el cerdo ibérico no faltan nunca, lo mismo que una sección de platos 'clásicos' de Tita Ché. No hay que perderse las croquetas de queso payoyo ni la ensaladilla rusa, ni tampoco el flamenquín cordobés. Platos todos muy en consonancia con esa cocina popular que en esta casa se hace.