Tita Ché: De Cártama al Parque del Oeste con nombre propio

Tita Ché: De Cártama al Parque del Oeste con nombre propio
FOTOS: Diego Maldonado.

Este restaurante se ha convertido ya en uno de los imprescindibles de la zona con muchos platos que ya se han convertido en unos clásicos del establecimiento

Marina Martínez
MARINA MARTÍNEZ

Lo había mamado en casa. Sus padres regentaban un restaurante en Cártama. Él no tardaría en seguir sus pasos. Cuando se casó, puso en pie su propio negocio. En este caso, en la barriada de La Paz. No tenía pérdida: Bar Pepe. Sus propios clientes lo bautizaron en honor a su nombre. Una década estuvieron al frente Pepe Rodríguez e Isabel Martín. El matrimonio supo hacerse con el barrio. Pero les esperaba una nueva oportunidad de seguir creciendo, y en 2004, lo hicieron. A pocos metros, junto al Parque del Oeste. En la calle Francisco de Cossío. Desde entonces, no saben lo que es echar el freno. Siempre han ido hacia arriba. La prueba está en las mesas. Es fácil que se llenen. Según Isabel Martín, una de las claves es la variedad y su apuesta por una cocina para compartir. Al frente de ella está Javier Cubero; en la sala, el hijo de Pepe e Isabel, Raúl Rodríguez, formado en La Cónsula.

En total, una decena de personas mueven el engranaje de un restaurante que se ha convertido ya en uno de los imprescindibles de la zona. Ya un clásico su pescaíto frito o el marisco, como el caldo de pintarroja o los pinchitos de gambas. Por no hablar de sus famosos 'filetitos', ineludibles. Cocina tradicional con un toque creativo que se deja ver en otros platos como el pulpo a la parrilla o las minihamburguesas de buey, entre otras muchas sugerencias. Carnes, tostas y revueltos completan una carta en la que no faltan las populares croquetas, la ensaladilla rusa o los huevos rellenos.

Datos de interés

Direección:
Calle Francisco de Cossío, 12.
Teléfono:
952 173 098
Cierra:
Domingos noche y lunes.
Algunos platos:
Filetitos Tita Ché: 7 euros; Pulpo a la parrilla: 7,50 euros; Langostinos al pli pli, 7 euros.

Tampoco desmerece la oferta de postres, entre ellos, un original crujiente de gin tonic. Le gusta destacarlo a Isabel Martín, que aún se sorprende cuando echa la vista atrás. «Mi padre era confitero pero cuando me casé no sabía hacer casi de nada, y mírame ahora», recuerda orgullosa de lo conseguido bajo un techo que lleva su nombre. Aunque pueda confundir, lo de Tita Ché viene de su sobrina, que convirtió Isabel en Ché. Todo queda en casa.

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