Er Pichi de Cai, un trozo de Cádiz en pleno barrio de Huelin

D. Maldonado

A la concurrida calle Tomás Echeverría llega cada día producto con ADN gaditano

MARINA MARTÍNEZ

De fondo, los Carapapas. A un lado, Mágico González. Al otro, Camarón. Barriles de Tío Pepe. Tortillitas de camarones, albóndigas de choco, chicharrones, papas aliñás, cucuruchos de pescaíto... Todo huele a Cádiz. Pero no es Cádiz. Es Málaga. Concretamente, el barrio de Huelin. Allí late el corazón gaditano en forma de taberna: Er Pichi de Cai, un rincón que trae a Málaga un trozo de la plaza del Mentidero, donde nació y habitó cerca de medio siglo el original. El auténtico Pichi, abuelo de Israel Vieyte. Este joven gaditano se trasladó a la capital malagueña por amor. Acabó trabajando en el asador Iñaki. Y tanta química se fraguó con su gerente, Iñaki Teijón, que hoy son socios en este pequeño local de la concurrida calle Tomás Echeverría. Hasta allí llega cada día producto con ADN gaditano. Desde los típicos ostiones hasta el queso payoyo. No faltan el surtido de atún de almadraba, las navajas, las quisquillas, la mojama, las cañaíllas, las ortiguillas...

En detalle

Dirección.
Calle Tomás Echeverría, 6. Málaga capital.
Teléfono.
667 899 660.
Cierra
Domingos noche y lunes (desde el 10 julio, abre lunes).
Precios:
Precio medio:15-20 €.
Especialidad:
Cocina tradicional gaditana.

«Queríamos reproducir la esencia de Cádiz, buscar esa identidad, incluso con recetas típicas de la familia de Israel», explica satisfecho Teijón. Asegura haber superado las expectativas previstas cuando abrieron en marzo. Ya apuntaba maneras entonces. La presencia del monologuista gaditano Tony Rodríguez hizo correr la voz, y los vídeos, como la pólvora.Desde aquel día, llena a diario.

Daniel Maldonado

Conviene ir con previsión para no quedarse sin mesa. O mejor dicho, sin barril. También directos de Cádiz. De González Byass, para más señas. No en vano, los vinos gaditanos también están muy presentes en la carta. En realidad, pizarras. No existe en Er Pichi de Cai carta como tal. Hay que estar atentos a la tiza de las paredes. Todo depende del mercado. Eso sí, los ‘doblaíllos’ son obligados: dos rebanadas de pan con caballa, tomate y mayonesa. Para no mancharse, mejor doblarse. De ahí el nombre. Como todo en Cádiz, ingenio cien por cien. Por eso tienen una guitarra siempre a mano. No es extraño ver que alguien improvisa alguna copla.

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