De 12 a 17 y de 20 a 0.30 horas
Lunes
50 personas
Negocios, Romántico, Admisión de tarjetas, Baño para minusválidos, Barra, Carta de Vinos, Climatización, Comedores privados, Especialista en eventos, Menú de empresa, Menu degustación, Menú del día, Parking próximo, Prensa diaria, Salón, Wifi, Zona de bar
Restaurante y bar de tapeo de aires andaluces, La Sacristía del Rey tiene una de las mejores vistas de Málaga. Situada en la cuesta Mundo Nuevo, que conduce hasta el castillo de Gibralfaro, frente a ella se divisa la imponente silueta de la Alcazaba, magníficamente iluminada de noche, y la torre de la Catedral. A esta bella postal de los monumentos más emblemáticos de la ciudad hay que sumarle una amplia oferta culinaria bien pensada para todos los gustos.
Si la intención es picar unas raciones y unas tapitas típicamente malagueñas, acompañadas por una cerveza bien fría o una copa de vino, en la planta baja, decorada con toneles y taburetes de madera, se sirven, entre otros bocados, croquetas caseras, flamenquines, pinchos de cordero, huevos rotos, porra antequerana o pescaíto frito.
En la primera planta, el salón, elegante y bien vestido, está diseñado para ser atendido a mesa y mantel. Resulta un buen sitio para celebraciones especiales, porque además de la carta, elabora menús para grupos.
Los arroces son excelentes, los mariscos del día pueden llegar a hacernos la boca agua y, como platos principales, el rabo de toro con salsa de vino, el chivo y el bacalao al pil-pil son apuestas seguras. Este último plato ha despertado en más de una ocasión encendido elogios de comensales vascos, expertos en saborear tan rico manjar. Los postres son caseros y tradicionales. Un flan, un arroz con leche o una cuajada pueden dar el punto dulce a la comida.
En la bodega encontramos vinos de buena calidad y por lo general suaves, aunque también hay alguno que otro con mucho cuerpo y sabor. El blanco verdejo para pescados, arroces y marisco, y los tintos crianza de Rioja o Ribera del Duero son perfectos para regar el almuerzo o la cena.
Texto: Victoria Souvirón.