Las 103 maestras de la cocina

Samuel Perea posa con las protagonistas del libro /SHEILA RAMÍREZ
Samuel Perea posa con las protagonistas del libro / SHEILA RAMÍREZ

El cocinero Samuel Perea y la Fundación El Pimpi crean 'Málaga cocina emoción', un libro para recordar las raíces de la cocina provincial

JUAN SOTOMálaga

Remedios Retamero aún habla de Antonio, su hermano, como el niño. Cuando nadie daba una peseta por él, esta vecina de Alfarnatejo, aún niña, se propuso salvarlo. Corrían los tiempos de la posguerra y su hermano enfermó, todo lo que comía lo vomitaba y en su casa ya tenían hasta el traje preparado para poder amortajarlo. Pero a ella se le ocurrió hacerle un plato de cebada migá en azúcar, una pócima que a la postre le salvó la vida y a ella le convirtió en la heroína de la familia. Su historia anónima, hasta ahora sólo conocida en el seno de su hogar, se ha hecho visible gracias al trabajo realizado por el cocinero Samuel Perea, que ha recopilado en un libro las historias (y recetas) de todas esas mujeres que fueron capaces de sacar adelante a su familia aunque sólo tuvieran un triste mendrugo de pan que llevarse a la boca.

'Málaga cocina emoción', escrito por el cocinero malagueño y realizado por la Fundación El Pimpi, es un repaso a la historia de la provincia a través de sus gentes, de Remedios, Concepción, Salvadora, pero también de las sopas cachorreñas, del gazpacho caliente o el potaje de hinojos. En sus más de 230 páginas se muestra a 103 maestras de la cocina, pero también a mujeres luchadoras que vivieron y superaron la guerra y la postguerra, por lo que la obra nace como un homenaje a su esfuerzo para que sus nombres queden grabados con letras de oro en la historia de la gastronomía malagueña.

Durante más de un año, Perea ha visitado los 103 municipios de la provincia y ha conversado con las protagonistas del libro, mujeres que le han recibido en su casa «pese a no conocerme de nada» y abierto su cocina para mostrarle esa receta que le trae más recuerdos. Como Carmen Raya, vecina de Cuevas Bajas, que tuvo que criar a sus ocho hijos sola, sin la ayuda de nadie. «Yo me iba a la aceituna y se quedaban todos los niños en casa, los más grandes cuidaban a los más chicos, y cuando llegaba del campo tenía que ponerme a lavar un cerro de trapos, lloviera o no lloviera. He pasado más que Mateo», resume.Ella prepara un dulce de gamboa, que es una variedad de la carne de membrillo que se realiza con este tipo de fruta, que es una mezcla entre pera y manzana.

O el caso de María Jiménez, de Colmenar, a quien su madre ya le ponía con seis años a amasar pan. Ella, como muchas otras, no tuvo tiempo para jugar, y con el paso de los años su marido le dejó sola con tres hijos, aunque dos de ellos murieron antes de los 40. «Parece que ellas están rogando por mi, sino yo no podría vivir; he pasado una vida dura, dura, dura», asegura. En su caso prepara un aliño de asaduras con la buena chacina que se puede encontrar en el pueblo.

Recuerdos de infancia

Durante la presentación del libro, que se desarrolló en la Diputación Provincial, el autor, Samuel Perea, destacó la historia de superación de todas las protagonistas, que vivieron los tiempos difíciles de la Guerra Civil y fueron «las que sacaron las familias adelante y las que resistieron mejor la soledad». «Han sabido convivir con el miedo y crear un puente de esperanza entre generaciones», ha resumido.

En el acto también han participado el presidente de la Diputación Provincial, Francis Salado, que se acordó de sus abuelas y de su vida en familia en Benagalbón, en donde se despertaba «con el olor a tortilla frita y a café negro de malta»; y el presidente de la Fundación El Pimpi, Luis Merino, quien ha destacado que cada una de las mujeres «Son auténticas madres coraje y unas maestras en la cocina».