El prescindible factor humano

El Mundo en la Mesa

A. J. LINN

Asombra pensar que a lo largo de la próxima década muchos oficios y profesiones desaparecerán sustituidos por robots y algoritmos. Ya ha comenzado: algunos jueces norteamericanos recurren a algoritmos para poner sentencias. No habrá cajeros de banco, ni analistas financieros, ni enólogos, ni agentes de viajes, ni mecánicos, ni camioneros, ni taxistas, ni pilotos, ni albañiles... ¿Y cocineros? La inteligencia artificial también los amenaza. A fin de cuentas, para abaratar el coste de cualquier producto o servicio hay que eliminar el factor humano. En los comercios sin cajeros los compradores ya cogen lo que quieren y pagan con su teléfono. Todo está en nuestros smartphones. No tenemos que hablar con ningún otro ser humano y podríamos vivir como ermitaños si quisiéramos. Hay webs españolas que ofrecen alimentos a domicilio, pero Blue Apron ('delantal Azul'), una start-up de 135 millones de dólares que opera en EE UU y pronto llegará a Europa, va más allá. La idea es genial. El cliente recibe por cadena fría los ingredientes para una comida diaria. El paquete trae hasta el último detalle, sea un clavo de olor, un diente de ajo o una copa de vino. Carnes, pescados, verduras y frutas son frescos y de fuentes sostenibles. Hay platos como pasta marinera con gambas, barracuda con cuscús perfumado o bistec con parmentier de patatas, coles de Bruselas y salsa al vino. Lo único que hay que hacer es seguir la receta y en tiempo récord la comida está lista. Para maridar, una selección de vinos. No hace falta visitar ni el súper del barrio ni la tienda de la esquina. Ni cambiar palabra con nadie, como parece que a cierta gente le gusta. Lo único que puede ensombrecer el futuro de esta idea es la competencia que ya anuncia Amazon y los caprichos de la bolsa.

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