Málaga en la Mesa
Las uvas y su leyenda: de cuando se bebía Fray Gusano y otras historias

Las uvas y su leyenda: de cuando se bebía Fray Gusano y otras historias

  • Los orígenes de los distintos tipos de variedades y su evolución están llenos de curiosidades poco conocidas

No es extraño que la vid, desde sus orígenes infatigable viajera por el mundo, se halle envuelta en leyendas. Así ocurre con la Pedro Ximénez, la Malvasía, la Chardonnay y otras variedades. La leyenda más extendida cuenta que la Pedro Ximénez se cultivaba en Canarias y de allí fue llevada al Rin. Del Rin la volvió a traer a España, concretamente a Málaga, Peter Siemens, soldado de Carlos V. De Málaga pasaría después a Los Palacios y de allí a Jerez y Montilla. Algunos ampelógrafos la han relacionado con la Elbling alemana. La historia se inicia en la obra del alemán E. J. Sachs, Ampelographia, (Leipzig, 1661), caldo de cultivo de buena parte de posteriores investigadores. Pero Sachs, que se había basado en la Cosmographia de Georgius Merula (Amsterdam, 1636), no menciona las Islas Canarias. El ampelógrafo Simón de Rojas Clemente en su Ensayo sobre la variedad de la vid común que vegetan en andalucía (Madrid, Villalpando, 1807), basándose en la Agricultura general (Valencia, 1701) de José Antonio Valcárcel, se refiere a la Pedro Ximénez y afirma: «Esta planta es originaria de las Islas Canarias y de la de Madeira, de donde se transplantó a las orillas del Rin y de la Mosela, y de allí la llevó a Málaga Pedro Ximénez, que le comunicó su nombre, como tambíen al vino que de ella procede, bien celebrado en todas partes. Después se ha extendido a diversos territorios». Y añade más adelante: «Berkenmeyer dice que hará cerca de dos siglos que Pedro Simón la traxo del Rhin a Málaga, y que de él tomo el vidueño su nombre, por corrupción de Simón en Ximénez o Ximen». Era frecuente que muchas vides y vinos tomaran el nombre de sus importadores y elaboradores. Y así en Málaga se bebía el Juan Blanco, el Fray Gusano o el Don bueno. A este último se refiere Salvador Rueda en su Corona a Baco: «Don Bueno, Santa Paula y baladíes/ alarguen la dulcísima cadena». Rozando el disparate, el dramaturgo isabelino Middleton en su obra The Spanish Gipsy, inspirada en La Gitanilla de Cervantes, deforma y juega con el nombre Peter Siemens y habla del vino Peter-see-me (‘Pedro me ve’), al referirse al vino de Málaga.

La Malvasía, que en sus viajes por el Mediterráneo hizo escala en todos los puertos, debe su nombre al puerto Monemvasía, al sur del Peloponeso. Cultivada en casi todos los países productores de vino, destaca en sus vinos la suavidad de su dulzura. En tiempos muy remotos, fue llevada a Canarias desde la isla griega de Quíos, y con ella se laboraba el Canary Sack que tanto apreciaba Falstaff, por lo que Shakespeare llegó a llamarle Sir John Canarias.

Se hizo igualmente en Sitges, mucho antes que en el Penedés o el Priorato. A tal extremo llegó su celebridad que, cuando el duque de Clarence, hermano de Eduardo IV de Inglaterra, fue condenado a muerte, como gracia especial se le permitió que escogiera el suplicio para morir. El aristócrata pidió sin dudarlo que le ahogaran en un tonel de malvasía de Sitges. La leyenda también ha envuelto a la variedad Chardonnay, una de las mejores uvas blancas del mundo. Corría el siglo XIII y el conde de Champagne, Teobaldo IV, bebía los vientos por la reina Blanca de Castilla. Tan pronto como el rey supo de los anhelos del conde lo mandó a las Cruzadas, en la creencia de que jamás volvería. Afortunadamente para la Borgoña y el champán, el conde volvió y, a su regreso, recaló en Chipre donde probó una extraordinaria uva, la Chardonnay, y se la trajo a Francia. Hasta aquí la leyenda, pues la Chardonnay es un cruce espontáneo de la Pinot y la Gouais Blanc, según las investigaciones genéticas de la doctora Caroline Meredith.

La Chardonnay, legendaria no sólo por su leyenda, es la reina del vino blanco de Borgoña y una de las tres variedades con que se hace el champán. Nuestro filósofo don José Ortega y Gasset también es legendario no sólo por su filosofía, sino también porque la nomenclatura de cepas alemanas incluye la variedad Ortega, cruce de la Müller-Thurgau y de la Siegerrebe, así llamada en reconocimiento y la admiración que Ortega despertó en tierras germanas.

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