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Málaga en la Mesa

Cuando no se mienta a la abuela en vano

Cuando no se mienta  a la abuela en vano

Las abuelas de hoy hacen las mejores croquetas o las mejores cazuelas, y además van al gimnasio, conducen coches llenos de sillas portabebés, estudian idiomas, viajan y están estupendas, no obstante lo cual, cuando una marca comercial quiere subrayar la supuesta calidad, autenticidad o estilo tradicional de un alimento, hace uso de la ya manida coletilla «de la abuela».

Así, invocando el nombre de la abuela en vano, se venden latas de legumbres, flanes industriales o bollos rebosantes de grasas saturadas, a menudo ilustrados con imágenes de cazuelas de barro y manteles de cuadros que al menos mi madre, feliz abuela y gran cocinera, desterró hace tiempo.

La semana pasada, Ferran Adrià hizo alusión al tema en una conferencia en el Teatro Cervantes organizada por CaixaBank, no sin cierta polémica, pero al menos servidora entendió que se refería a que la cocina, incluso la tradicional (o la tradicional más que ninguna, porque es incluso en su abandono actual nuestro referente), está en evolución continua. Yo puedo haber heredado de mi abuela la receta del gazpachuelo, pero no tengo que montar, como ella, la mayonesa a mano salvo por capricho, y esos avances en técnicas y herramientas, igual que la introducción de productos nuevos, terminan por hacer evolucionar los platos.

La industria agroalimentaria abusa del ‘abuelismo’, y no siempre es una buena estrategia comercial, porque al final tal flan o cual fabada no terminará en nuestra mesa por ser ‘de la abuela’, sino por estar buenos. María Dolores Rodríguez Ruiz y su familia también pensaron, en 2013, en recuperar una elaboración antigua de su pueblo, Frigiliana, cuando montaron su empresa familiar. En concreto, las batatillas cocidas con miel de caña. Salieron al mercado con esa estupenda conserva vestida con una etiqueta de estilo tradicional.

Hoy, la empresa, que sigue elaborando sus productos de forma artesanal (aunque de acuerdo con la normativa sanitaria agroalimentaria), ha diversificado su producción: dos tipos de mermelada de mango, mermelada y chutney de níspero y las batatillas. Pero, igual que las abuelas modernas, han buscado una imagen moderna, original y atractiva, y han bautizado sus productos con nombres comerciales pegadizos. De la abuela queda el amor y la autenticidad, que se puede saborear al abrir el tarro. Y seguro que, además de a las abuelas, el nuevo packaging conquista a los nietos.