Diario Sur
Málaga en la Mesa

Un viaje a la historia del vino de Málaga

Soleras y criaderas en la bodega.
Soleras y criaderas en la bodega. / Sur
  • El Lagar del Romerillo, en Olías: el corazón desde el que fluye el vino de la Antigua Casa de Guardia

En el imaginario malagueño, la taberna y el despacho de vinos de las Bodegas Antigua Casa de Guardia en la Alameda Principal es de los pocos sitios añejos que se reconocen como propios, y quien más y quien menos ha pedido un pajarete, un PX o un moscatel para pasar un rato con amigos y se habrá preguntado qué sería el moscatel guinda o alguno de los otros nombres que se anunciaban en los barriles.

Tras esos barriles late la historia de los vinos de la antigua D. O. Málaga. Historia viva porque, en tiempos que empiezan a sobrar dedos en las manos para enumerar las bodegas consagradas a la elaboración de estos caldos, Antigua Casa de Guardia sigue funcionando con buena salud para seguir rellenando barriles y bodegas de vinos cada vez más escasos y valiosos pese a sus precios populares.

La bodega, fundada por José de Guardia en 1840, está inscrita con el número 1 en el CRDO Málaga. A mediados del siglo XIX alcanzó el título de proveedora de la Casa Real, merced a la amistad del bodeguero con Isabel II de Borbón. La relación, que dio lugar a habladurías no carentes del todo de fundamento, hizo que Guardia terminara vendiendo la bodega al ser nombrado por la reina gobernador civil de Segovia, pero, dada la fama que había alcanzado con semejante madrina, hizo que sus sucesivos dueños, los últimos y definitivos, los hijos y nietos de José Garijo, conservaran el nombre del fundador.

José Garijo, personaje fundamental en la historia del vino de Málaga en el siglo XX, adquirió el Lagar del Romerillo, en el corazón de los Montes de Málaga (y a media hora en coche desde la ciudad), para unificar, desde mediados de los años 60, las viñas, el lagar y la nave de crianza. Hoy, sus nietos han tomado el relevo de la generación anterior, y Cayetano Garijo, director de la bodega, ha apostado por el enoturismo abriendo el precioso lagar a visitas y eventos y proyectando, a medio plazo, un pequeño alojamiento.

El mero paisaje ya transmite historia. No resulta difícil imaginar claveteadas de viñas las lomas redondeadas que circundan el lagar, como lo están aún los pagos de El Romerillo y La Letría, sembrados de las dos uvas históricas, moscatel y PX, que dan lugar a las 13 variedades de vinos que la bodega elabora bajo la denominación de origen. Las viñas de El Romerillo, con los primeros brotes verdes, chillan a pocos metros de la nave de crianza, de la que emana el aroma dulce y complejo de los vinos que reposan en las botas. Unos metros más allá, el lagar se asoma al paisaje de los Montes. Donde antes se pisaba la uva para extraer el mosto y dormían los jornaleros, ahora un salón con una enorme chimenea acoge a los visitantes y sirve para preparar arroces a la leña. El comedor, en la planta de arriba, está remozado y decorado con gracia en un estilo rústico pero actual. En la bodega se expone desde un gigantesco bocoy (barril) abierto y habilitado a modo de pequeña salita, donde se ha colgado la cédula por la que se acredita la inscripción de la bodega con el número 1 en el registro de bodegas malagueñas, hasta lo más importante, las botas que crían vinos como su magnífico pajarete, su único moscatel guinda o el transañejo de moscatel Isabel II, una auténtica ‘joya de la corona’.

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