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Málaga en la Mesa

La cata de té

La cata de té
  • Aunque inicialmente estaba reducida a un ámbito profesional, al ser una actividad muy atractiva, se está extendiendo también la cata hedonista para consumidores

Igual que el vino, el café y otros alimentos, el té también se cata. Las razones por las que se hace son varias. En algunos casos se trata de evaluar su calidad: es una herramienta de la que disponen los profesionales que se dedican a la comercialización del té para elegir sus productos y descartar los que no cubran sus estándares. Recurren a ella responsables de compra de distribuidoras, mayoristas y cada vez más los hosteleros, que han visto en el té una oportunidad para diferenciarse de la competencia, ofreciendo una exquisita y personalizada selección.

Pero debido a que es una actividad muy atractiva, se está extendiendo también la cata hedonista. Con ella simplemente se pretende disfrutar jugando a identificar el amplio abanico aromático de los tés, comparando diversos tipos, diferentes cosechas, orígenes, etc.

La cata de tés tiene su propia parafernalia, compuesta por una jarrita infusora con tapa y una taza de cata de porcelana blanca. Se hace mediante un protocolo estricto, en el que han de pesarse con precisión las muestras y utilizar el agua en las proporciones idénticas y a la misma temperatura, al objeto de evitar discordancias.

Se trata de captar toda la información que nos puedan aportar los sentidos. Primero se hace un análisis visual de la hoja seca, seguido de una valoración olfativa y acústica. Una vez que hemos humectado las hojas y tras infundirlas durante el tiempo adecuado, prestamos atención a su color, forma, etc.

El aroma que desprenden las hojas hidratadas es revelador de lo que encontraremos en la taza. El licor resultante ha de valorarse de manera similar a un vino, tratando de captar e identificar los aromas que desprende. La fase más importante tiene lugar en la boca. Es entonces cuando percibiremos los sabores básicos, su complejidad aromática, sus propiedades físicas, tales como la astringencia, textura y cuerpo, y finalmente el posgusto.

Un entrenamiento adecuado en la cata puede llevarnos a descubrir un maravilloso universo de aromas que difícilmente podríamos imaginar en un té.