Málaga en la Mesa
Lourdes y Sebastián, propietarios de Chinchín Puerto.
Lourdes y Sebastián, propietarios de Chinchín Puerto. / SUR

Chinchín Puerto: Un canto a la sencillez en la Caleta de Vélez

  • El restaurante destaca por poseer un profundo conocimiento del producto

Si solamente tuviera que calificar el producto que Lourdes Villalobos nos ofrece en esta su casa, habría que darle por lo menos un nueve, pero como al final la puntuación de esta sección de crítica gastronómica debe ser un todo, es decir, instalaciones, servicio, bodega, etc., entonces creo que Chinchín está por encima de la media de notable alto. Hacía tiempo que no realizaba un cena tan agradable, simpática y con tan buena compañía alrededor de un producto malagueño de diez.

Para empezar, lo que se dice empezar, nos hicimos a la mar a bordo de un catamarán, ‘Zosterra’, a la búsqueda de una pesca cercana a la bahía de Málaga.

Sebastián Martín, esposo de Lourdes Villalobos, ha sido toda la vida patrón de pesca y en la actualidad tiene una pequeña embarcación dedicada a ofrecer una visión distinta a los clientes del restaurante que quieran probar fortuna saliendo a pescar antes de comer.

Reconozco que el paseo, con gin-tonics incluidos, fue de los más agradable y relajante, aunque lo que se dice pescar, pescar, cualquier parecido con la realidad fue una mera quimera.

Menos mal que con anterioridad Lourdes había acudido a la cercana lonja del puerto de la Caleta de Vélez, como hace todos los días, y escogido el mejor género posible que ese día estaba a la venta.

Chinchín es eso, un restaurante a pie de puerto dedicado a preparar de la manera más sencilla el producto diez que todavía se encuentra en nuestras costas.

Al frente de sus fogones se encuentra una antigua marinera, Lourdes, que antes de hacerse cocinera estuvo en el barco de su marido, Sebastián, ayudándole en las faenas de la pesca, tarea que abandonó para estudiar cocina en la Escuela de Hostelería Castillo del Marqués ubicada en Benajarafe.

La cocina de Lourdes es la exaltación personificada de la sencillez. El único secreto reside en el conocimiento que ambos tienen de los distintos pescados y mariscos que se pescan en la Caleta de Vélez. Luego, un buen aceite de oliva para la sartén, unas brasas adecuadas para hacer espetos y una temperatura del horno ajustada a según la pieza que vaya a asarse, aseguran el éxito de una comida en Chinchín. Quizá las únicas concesiones a la cocina más creativa sean las hamburguesas de caballa o sardina y las albóndigas de salmonetes. Quienes acudan a esta casa en busca de una cocina de interior, es decir, de carne, lo único que van a poder tomar es secreto ibérico o hamburguesa de ternera o un plato de quesos de los Montes de Málaga, el resto, incluidas las raciones y tapas, giran en torno al pescado y a las verduras de la zona.

La carta de vinos es corta, pero figuran algunos vinos malagueños bastante interesantes.

Así fue la cena

Tras regresar de la aventura de pesca, lo más sensato era dejar que Lourdes pusiera poco a poco la cena. Empezó con un montadito de caballa muy bien marinada y que tenía un punto dulzón al final. Luego unas jugosas quisquillas en papillote, llamadas aquí «cartuchitos», que fueron todo un acierto. En cambio, las almejas en cazuela no llegaron a cumplir las expectativas que todos teníamos; estaban faltas de sabor. Después vinieron uns gambas cristal fritas (ya que es imposible cocerlas), que fueron la admiración del resto de comensales. Crujientes, sabrosas y con un delicado toque salino. Acto seguido unos auténticos calamaritos de la playa, pues la mayoría de los que nos ofrecen tienen un toque asiático, simplemente fritos sin sal. Estaban de diez sobre diez, lo mismo que la raya a la plancha.