La noche de Lisboa

La noche de Lisboa
BENJAMÍN LANA

Por fin la fiesta de las estrellas llegó a Lisboa. Los cocineros portugueses y las instituciones lusas llevaban años esperando el acontecimiento que pusiera brillo y broche a la espectacular transformación que el panorama gastronómico de la capital ha vivido en la última década. Los chefs españoles y toda la 'troupe' mediática que les acompañamos, también. Lisboa siempre ha sido un destino apetecible y cada vez lo es más no solo para los melancólicos, como antaño, sino también para los hedonistas irredentos. La ciudad está bonita, exultante de vida y cada vez se come mejor. Sin embargo, cuando todo parecía dado para una noche epifánica, la detonación festiva sobre el Tejo se quedó a medias, como si alguna mano negra hubiese mojado parte de la pólvora.

La fiesta fue por barrios, como siempre, y los ganadores de la noche, Dani García, el nuevo triestrellado, Ricard Camarena con sus dos galardones o el inagotable Martín Berasategi, que ya suma diez y estrenaba su nuevo restaurante lisboeta, 55 Segundos, festejaron como exigen las ocasiones, pero muchos otros invitados se quedaron a medias con la lista que se acababa de conocer y, sobre todo, con la fiesta posterior, un evento mal pensado y deslucido que impidió a los invitados disfrutar de la comida que los mejores restaurantes de la ciudad habían llevado hasta el Pabilhão Carlos Lopes.

En la noche con más cocineros de altos vuelos de su historia, los hoteles cercanos a la Plaza del Marqués de Pombal terminaron sirviendo a deshoras más sándwiches y comida de servicio de habitaciones que nunca. El recuerdo de la gran fiesta del año anterior en el Abama de Tenerife fue perenne. En la lista, Michelin no sorprendió a casi nadie en la parte alta de la tabla, ni exhibió la generosidad que se había insinuado llegaría. Una veintena de nuevas entradas en España y tres en Portugal, donde los locales esperaban mucho más en éste que creían iba a ser su año. La guía no sorprende realmente y se limita a reparar algunas injusticias –menos de las que debería– como el segundo macarrón para Ricard Camarena y para el restaurante Alma del portugués Henrique Sa Pessoa y a dar entrada a la nueva generación de cocineros que van llegando, donde es cierto que ha abierto la mano.

Andalucía y Levante, buena salud

Sin tener que bajar ningún listón podían haber estado entre los doses al menos Disfrutar y Enigma. Por la noche, el influyente José Andrés clamó vía red social por las injusticias, en su caso defendiendo la de Casa Gerardo, en Prendes, el eterno aspirante que no recibió la segunda, como tampoco llegaría la tercera al Sant Celoni de Óscar Velasco. Michelin ratifica la buena salud de las cocinas levantina y andaluza, dos de las que atesoran más fuerza y proyección en los últimos años. Camarena, con dos estrellas, acompaña en la élite a Quique Dacosta, con sus tres, y se estrenan con una Beat y Orobianco en Calp y el Xato en La Nucía.

Con el encumbramiento de Dani García como faro en el mediterráneo malagueño que se suma al atlántico de Ángel León, la comunidad andaluza se posiciona junto a las clásicas Cataluña y País Vasco como la única con dos tres estrellas. Madrid también obtiene una buena cosecha para restaurantes nuevos y singulares con estrella para La Tasquería, el Corral de la Morería, Clos y Yugo, aunque hay muchos orientales en la capital madrileña que merecían tanto o más el galardón.

En el lluvioso norte, un año seco. Como si los inspectores solo hubieran trabajado del Ebro para abajo –ilusionante la joven estrella de Ikaro en Logroño y sorprendente la segunda, para navarro Molino de Urdániz–, Asturias y Cantabria pasan sin pena ni gloria con cero nuevos entorchados, aunque candidatos y buenos había en todas ellas. En la magia de Michelin también está la incomprensión de sus decisiones y los sentimientos opuestos que genera, desde la desbordante alegría al dolor agudo.

Hora de pensar

En Euskadi, los de siempre salvan la cosecha. Martín Berasategui, rey Midas de la hostelería ibérica que ya está en el Olimpo de los tres cocineros de todo el mundo con más reconocimientos Michelin –primera estrella para una sidrería en la historia para su donostiarra eMebe Garrote–, y Eneko Atxa, que parece haber aprendido la fórmula para seguir sus pasos y que ha sido capaz de ganar la primera para su Eneko Bilbao con las puertas abiertas tan solo unos meses de este 2018 y ya suma cinco.

Pero el resto es también la nada, como en los últimos años. Peor aún cuando Vitoria se queda sin estrella con la llorada pérdida de la del ya mítico Zaldiaran. Incluso en la categoría de los 'Bib gourmand', casas que según la guía roja no llegan a la calidad de estrella pero atesoran una buena relación calidad-precio, no aparece ni un solo restaurante vasco. Para ponerse a pensar.

P.D. Pero no se me aflijan y vuelvan a Lisboa. Una cosa de la gala y otra la ciudad llena de ofertas atractivas para todos los públicos y bolsillos. Para los que disfrutan de la cocina creativa llena de sensibilidad y raíz, Alma, el nuevo dos estrellas, es una gran alternativa. En otro Comino les cuento con detalle.

 

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