NEGRA Y GASTRONÓMICA

Los seguidores de Camilleri han llegado a compilar recetarios a partir de las descripciones de platos sicilianos

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

Una de las autoras más leídas del mundo en novela policiaca, P. D. James, publicó hace unos años 'Todo lo que sé sobre novela negra' un ensayo donde desgrana las convenciones del género. Una de ellas es introducir al lector en el entorno doméstico del o la investigadora protagonista, recurso que se utiliza en parte para permitir la aproximación emocional al personaje, y en parte, señala James, para romper la tensión del relato. Dentro de esa vida íntima y cotidiana, de alguna manera lo que comen y cocinan los detectives de ficción ha ido ganando espacio en el género desde el Maigret de Georges Simenon hasta llegar a autores como Manuel Vázquez Montalbán o Andrea Camilleri, que convierten esa parte en seña de identidad. Los seguidores de Camilleri han llegado a compilar recetarios a partir de las descripciones de platos sicilianos.

Vázquez Montalbán fue uno de los grandes gastrónomos de nuestro tiempo; cómo no iba a ser su pareja protagonista, Pepe Carvalho y su ayudante Biscuter, aficionada a la buena mesa. En los últimos años, sin embargo, este cliché de la policiaca ha ido ganando espacio hasta dar lugar a un subgénero bautizado por el mundo editorial como 'noir gastronómico', donde este aspecto, más que contribuir a la construcción del personaje, ocupa un lugar central, bien porque las intrigas transcurran en torno a cocinas de restaurantes, bodegas o industria alimentaria; porque el escritor o escritora se recreen en la descripción de platos, vinos y hasta recetas de cocina, o por ambas cosas. En este subgénero hay autores como el cocinero y escritor Xabier Gutiérrez que son verdaderos especialistas, y otros, como Donna Leon o la española Beatriz Rodríguez, que han decidido ampliar ediciones o lanzar libros específicos con recetas de cocina de sus protagonistas. Lo difícil de moverse en esta corriente es la rapidez con la que evolucionan las tendencias gastronómicas, porque hasta que transcurre tiempo suficiente para convertir lo pasado de moda en clásico, la única red de salvación que les queda a las novelas es estar bien escritas.