Mulse: un rincón con sello propio frente al mar

El chef Benjamín Granda y el jefe de sala, Antonio Sánchez.
El chef Benjamín Granda y el jefe de sala, Antonio Sánchez. / DANIEL MALDONADO

Mulse cumple 15 años con su propuesta de cocina imaginativa, bar y conciertos en el paseo marítimo de Rincón de la Victoria

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZMálaga

Quince años hace ya que los hermanos Manolo, Juanjo y Harald Rivas Aagesen decidieron transformar el chalé familiar, una encantadora construcción de los años 60 junto a los túneles que comunican el paseo marítimo de Rincón de la Victoria con La Cala, en el Carlsbar. Aquel bar moderno y cosmopolita seguía teniendo cierto aire de hogar, y lo mantuvo cuando los hermanos mayores, formados en hostelería (cocina, Manolo, y gestión y sala, Juanjo), decidieron abrir un restaurante en la planta de arriba y cambiar el nombre del local por Mulse.

Acogedor, contemporáneo pero con el toque retro de la arquitectura de los 60, y rematado con un relajante balcón frente al mar, el espacio predispone al disfrute, y la acogida de Antonio Sánchez, el jefe de sala, puede incluir, si se desea, disfrutar de un cóctel clásico muy bien ejecutado como aperitivo, o, si se prefiere, una caña tirada como mandan los cánones o alguna cerveza artesana, incluyendo, por supuesto, las que elabora Juanjo en su otro proyecto, la microcervecera Rosas.

En la mesa, Mulse propugna la ‘librecocina’, concepto acuñado por los hermanos para «abrir el negocio a diferentes edades y clases sociales, dejar que la abuela pueda comer un buen plato de cuchara mientras en la misma mesa se sirve maki». Maki no hay ahora mismo en la carta que van adaptando Manolo y el jefe de cocina, Benjamín Granda, al estilo de este último, incorporado al equipo tras un periplo internacional por lugares como Jamaica o Londres. Pero el espíritu viajero de Granda complementa platos clásicos como las croquetas (en la última carta, de sobrasada ibérica con mayonesa de huevo frito), los huevos rotos con chistorra, pasas y vino de Moclinejo, o el tartar de solomillo de ternera, con propuestas nuevas como el tataki de pez mantequilla, el micuit de salmón, donde el pescado, con un punto perfecto, se complementa con notas saladas, cítricas y un delicioso helado de sésamo, o el churrasco de ternera teriyaki, en que la pieza de carne elegida, costilla, se puede deshebrar sin esfuerzo con el tenedor. También está muy cuidado (y contenido en el precio) el apartado de postres. El parfait de chocolate blanco con haba tonka es también un ejemplo de finura y matices.

El salmón micuit, uno de los platos de la carta. / DANIEL MALDONADO

Para los vinos, conviene dejarse aconsejar por Antonio Sánchez. Además de una carta bien compuesta, suelen incluir sugerencias que abarcan denominaciones de origen tan interesantes como Ribeira Sacra o El Bierzo. Durante el verano solo abren por la noche, y los fines de semana es imprescindible reservar porque se llena. El bar abre a diario, y se mantiene fiel a su línea de ofrecer estupendos conciertos de grupos locales.

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