MITOS GASTRONÓMICOS NACIONALES

ANDREW J. LINN

Hay pocas leyendas más resistentes que las nacionalistas, más si a la vez son gastronómicas. Nos dicen que todo tejano disfruta de un T-bone de dos kilos y varias Bud, y tendemos a clavar ese icono en nuestra memoria, igual que cuando nos cuentan que los yemeníes se pasan la vida masticando hojas de kyat. Incluso aunque nos sentemos con un tejano que pida Chardonnay y jamón de bellota o un yemení que prefiera puros habanos. El inventario es eterno. Todo el mundo sabe que los españoles siguen la sanísima dieta mediterránea, los franceses comen ancas de rana y vino bordelés, los ingleses rosbif y cerveza y los rusos caviar y vodka. Mientras que estas fábulas son meros engendros de la imaginación, otra cosa es que las estadísticas oficiales se cocinen intencionadamente para transmitir perfiles falsos. Por ejemplo, en contra de lo que todos creemos, los indios no son mayoritariamente vegetarianos, y, aunque sus vacas sean sagradas, el consumo de otras clases de carne es generalizado. Pero los hindúes (80% de la población) prefieren ser considerados vegetarianos por su imagen religiosa, y como consecuencia las estadísticas se manipulan para fomentar la leyenda. Un estudio estadounidense ha demostrado que el Gobierno del país manipula los números con el fin de crear la impresión ilusoria de que sus ciudadanos siguen una dieta vegetariana. A través de una serie de comprobaciones sobre el terreno, los investigadores demostraron que los hindúes son carnívoros, y solo el 19% es vegetariano. Entre mitos y adulteraciones, la verdad no está siempre a nuestro alcance. A ver si un futuro estudio demuestra que a los españoles de a pie, en vez de verduras, frutas, sardinas y aceite de oliva, realmente les van el cordero y el vino de Priorato.

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