María García Moya: «Enriquecer un postre con un relato le da un valor añadido»

María García Moya/DANIEL MALDONADO
María García Moya / DANIEL MALDONADO

«La gente no quiere pagar el precio de un postre de calidad, y eso es una señal de que no se reconoce su valor»

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

María García Moya se ha hecho ella sola, a fuerza de amor por el oficio, un nombre en la repostería malagueña. Formada en La Cónsula y aprendiendo de cada trabajo, fundó Candy's Repostería Artesanal, que entre otras cosas se encarga de la repostería de Eboka, Casa de Vinos y Comidas. Durante el Festival de Cine de Málaga, la carta de postres de Eboka cambia y se llena de propuestas inspiradas en actrices y actores españoles y en sus locuras dulces favoritas.

María Moya
Las creaciones de Candy's Repostería Artesanal se pueden seguir en Facebook e Instagram.

-¿Cómo surgió hacer dulces inspirados en actores y actrices españoles?

-Hace tres años, Eboka ya era restaurante colaborador del festival y se cumplía el 20º aniversario, así que cogí cuatro películas importantes en su historia y creé postres inspirados en ellas. Tuvo una gran acogida. Me envalentoné y le dije a Antonio [Antonio Fernández, propietario de Eboka y pareja de María] que al año siguiente lo iba a hacer con actores. No fue fácil porque no me conocían de nada, pero fueron super amables y les hizo mucha ilusión. Yo les preguntaba si preferían un postre que hablara de algún personaje pero todos elegían algo que les identificara a ellos mismos.

-¿Qué atrae al público?

-Yo creo que enriquecer un postre con un relato le da un valor añadido. Y más allá de que el postre sea bueno, que tiene que serlo, surge la emoción, la curiosidad, y hacen un esfuerzo para llegar hasta el final de la comida y probarlos. En estos días se venden más postres.

-¿Cómo trabajáis para crearlos?

-Pues trabajamos a partir de un cuestionario donde pregunto a los actores sus dulces, frutas, golosinas o texturas favoritas, pero también les pido que se definan a sí mismos, porque eso luego me ayuda a decidir seguir por un camino o por otro. A partir de la lectura hago dos bocetos de cada postre y se los paso a los protagonistas para que elijan uno. Y luego, si vienen al festival los prueban y si no, yo se los hago llegar. Alguna vez alguno me ha llamado fuera del festival para ver si le podía hacer su postre, y lo he hecho expresamente.

-¿Alguna anécdota curiosa?

-Sí que las hay. Algunos te dicen que no son de dulces y luego se descuelgan con que les encanta el toffee, los merengues o la nocilla. Y como anécdota graciosa, cuando Salva Reina probó su postre, alguien le preguntó si sabía a él y él respondió: «Sí, pero cuando estoy duchado» (risas). Y la experiencia me ha servido también para trabar una relación de aprecio con gente como Pepón Nieto, que me sigue llamando cuando viene a Málaga para pedirme su pionono y quiso incluso ponerlo en su restaurante. En general la acogida y el trato de todos es espectacular.

-¿La cocina dulce se valora en su justa medida?

-Creo que está muy valorada entre los profesionales. Para el gran público no está tan reconocida, la gente no quiere pagar el precio de un postre de calidad, y eso es una señal de que no se reconoce su valor. No sé si el que ahora haya un programa en la tele ayudará, espero que sí...

-¿Hacia qué tipo de repostería vamos?

-Es posible que vayamos hacia un tipo de repostería más saludable, pero el que sea más saludable no quiere decir que vaya a ser menos calórica, porque cuando te vas a comer algo dulce, quieres que esté dulce. Puedes emplear azúcares más saludables, pero al final serán azúcares. El momento del dulce es un momento de capricho, y a lo mejor vas a comer menos, pero cuando lo hagas vas a querer disfrutarlo.

-¿Qué le inspira de lo nuevo y de lo clásico en postres?

-De lo nuevo, sobre todo las materias primas, pero en general me quedo con lo clásico y lo básico. Un hojaldre, un bizcocho bien hecho, un arroz con leche o un flan de huevo de mi madre con los huevos del campo, que es una maravilla.