EL LUJO DEL MANTEL

GASTROCONFESIONES

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

Recientemente ha agitado las redes sociales el 'tweet' enviado a la Federación de Consumidores y Usuarios (FACUA) por un cliente indignado al que le habían incluido en la factura de un restaurante un cargo de 1,75 &euro por comensal en concepto de «servicio de lavandería» de los manteles. Se suma la queja a un sinfín de conceptos exóticos en facturas que el presidente de FACUA, Rubén Sánchez, recoge en el blog de la web de la organización (www.facua.org); desde los ya clásicos cobros por reserva, cubiertos o servicio, hasta cargos por volver a pasar un filete por la plancha o por ponerle hielo al café. En Andalucía, el Decreto 198/1987, de 26 de agosto, que establece las medidas en defensa de consumidores y usuarios de establecimientos de restauración, es muy claro al respecto. Dice: «Los precios de las comidas y bebidas, así como de los servicios ofertados y el de los espectáculos, serán expuestos obligatoriamente al público mediante cartas de comidas y bebidas y/o listas de precios». Es decir, que si en mi local quiero incluir cargos por el pan, el hielo de las bebidas, la música en directo o cualquier otro concepto que no esté expresamente prohibido por la ley, puedo hacerlo, pero tengo que reflejarlo de forma visible en la lista de precios y el cliente ha de tener esa información al pedir, y no en el momento de pagar. En parte, la picaresca está motivada por la dificultad de mantener precios atractivos cuando se hace frente a los numerosos gastos que comporta un restaurante. Si se han fijado, cada vez es más corriente, incluso en sitios de caché, la sustitución de los manteles de tela por caminitos de mesa, salvamanteles o bajoplatos. En efecto, lavar manteles cuesta dinero, igual que poner un buen pan sobre la mesa y comprar hielo para las bebidas, y es posible que terminemos por convertir la cesta de pan o el café con hielo en opciones de carta con sus precios, pero si decido poner manteles, se entiende que éstos han de estar limpios cuando llegue el cliente, y eso es obligación del establecimiento, aunque el coste repercuta en los precios generales de la carta.

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