Lobito de Mar: Una cocina popular que no deja de sorprender

Dani García, en Lobito de Mar./SUR
Dani García, en Lobito de Mar. / SUR
Málaga en la Mesa

Técnica en los fuegos y un producto de calidad

ENRIQUE BELLVERMARBELLA

Lobito de Mar ha sido el nuevo reto gastronómico que ha superado con éxito Dani García. En lo que en su día fuera uno de los restaurantes más reconocidos de Andalucía, El Portalón, ahora se levanta un espacio abierto, luminoso, repleto de ideas culinarias que giran en su mayor parte alrededor del pescado y marisco y sus diversas formas de prepararlo, aunque, eso sí, bajo el sello y la firma de nuestro cocinero más universal, que ha puesto en esto sus cinco sentidos y alguno más.

Arroz de conejo con caracoles

Es uno de los arroces de interior más alicantinos que he probado. Perfecta la textura del grano y el punto de la carne. Un arroz que no es fácil olvidar.

Pero lo que más me ha llamado la atención de este restaurante es la apuesta que a diario hace por llevar a las mesas la cocina marinera de siempre, la de toda la vida, esos platos que muchas veces nos han evocado y abocado a la cocina de nuestras madres y abuelas. Esa vuelta a la tradición, a los sabores de siempre, pero con un cuidado exquisito y una reconversión muchas veces creativa y actualizada, es lo que Dani ha conseguido en Lobito.

Gambas de cristal fritas

Probar estas gambas, y si además están en su punto óptimo de fritura, es uno de los placeres gastronómicos más contundentes que podemos disfrutar. Un sabor a mar que se entremezcla con el del aceite.

Pero en este espacio se encierran más inquietudes coquinarias. Incluso hay un rincón muy personalizado como es su ‘bar-resalao’. También hay una enorme parrilla donde se preparan pescados y espetos, muchas veces utilizando una técnica diferente y muy asociada a la cocina oriental, reservando una zona para preparar distintos tipos de arroz. Precisamente esos arroces están siendo muy demandados por una clientela que gusta de arroces con mucha fuerza sápida.

Ir a Lobito supone sencillamente ir a un chiringuito que no se encuentra frente al mar y disfrutar de un producto muy fresco que acaban de traer las barcas. Pero también supone realizar una comida casual, divertida, donde el cliente no siente esa presión que suele producirse cuando nos sentamos en un restaurante gastronómico. Lobito, a pesar de su seriedad en sala, de su puesta en escena, de su producto y de su cocina, es un restaurante donde lo más sencillo es sentirse cómodo a la vez que se disfruta de una cocina muy tradicional pero de altura. Nada más entrar nos topamos con una gran barra ovalada situada en el centro del espacio, una barra que separa perfectamente las mesas del comedor con la zona de tapeo, y en el mismo centro de la barra, donde además se exhiben muchos productos del mar, hay un reloj de fantasía que acapara las miradas de los que acaban de llegar. Pero lo que más me ha gustado cada vez que he visitado Lobito no es tangible. Son las ganas que intuyo por parte de quienes cocinan de sorprender a través de la cocina popular. Ahí están los arroces cocinados al sarmiento, al más puro estilo alicantino, con una delgada capaz de arroz sobre la paella para que el sabor de cada producto utilizado en su elaboración impregne cada grano, o los mariscos de concha hechos sobre las brasas. Una sensación de sabores que inunda el paladar nada más probarlos.

Lobito es, como bien dice Dani García, un chiringuito urbano en plena Milla de Oro, un bar ‘resalao’ de tapas, un asador de pescados, una freiduría de toda la vida, un lugar de espetos y una arrocería con alma alicantina. Pero Lobito es además un lugar donde hay un reencuentro entre la cocina tradicional y la creativa, que van de la mano.

La carta de vinos está en perfecta consonancia con el lugar donde estamos.

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