Yo no como insectos

Yo no como insectos

Buscamos nuevas fuentes de nutrientes y en pocos años hemos incorporado a nuestra dieta más alimentos nuevos que en los últimos cinco siglos

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

Vivimos preocupados por el agotamiento de los recursos. Buscamos nuevas fuentes de nutrientes y en pocos años hemos incorporado a nuestra dieta más alimentos nuevos que en los últimos cinco siglos. Comemos frutos, flores, hojas, semillas y raíces exóticas; comemos algas, y hasta ocasionalmente comemos plancton. Sin saberlo, consumimos filetes de pescado de especies foráneas que aquí se disfrazan con nombres comerciales que nos inducen confianza. Sin embargo, también hay cosas que nos cuesta y nos costará comer, como los insectos, por más que la FAO lleve años invirtiendo en estudios y campañas para convencernos de que son la fuente de proteína más viable en un futuro no muy lejano.

Hay un motivo para eso, que los antropólogos Lorenzo Mariano Juárez y Julián López García expresan muy bien en un artículo publicado en la Colección E-Books ICAF (Comisión Internacional de Antropología de la Alimentación), y no es otro que la cultura alimentaria. Argumentan que «aun en situaciones de carencia extrema los seres humanos no siempre ni necesariamente admiten cualquier cosa para llenar el estómago», y añaden que «obligar a comer algo desafectivo (...) puede saciar el hambre pero también puede llevar a una anulación de la autodefinición del ser humano».

Es decir, somos lo que comemos, pero también 'somos' en la medida en que rechazamos comer ciertas cosas, incluso aunque en otras culturas sean muy apreciadas. Para nosotros fue un escándalo saber que nos estaban dando caballo en ciertos elaborados cárnicos, y hay personas criadas en otras culturas (y las religiones no son otra cosa) que prefieren no comer antes que probar el cerdo o la vaca. De ahí que el dicho popular hoy sin contenido «que le den morcilla» signifique algo terrible, como lo fue probar si un judío o un musulmán se habían convertido al cristianismo haciéndoles ingerir la sangre de un animal para ellos repugnante. Comemos de todo, pero dentro de un orden, y hay alimentos a los que nos costará acostumbrarnos, por sanos y ricos que nos digan que son.