Hamburguesas de caballo y lucha antifraude

Hamburguesas de caballo y lucha antifraude

Los controles coordinados, el aumento de pruebas aleatorias y las duras sanciones financieras deben beneficiar a los consumidores

ÁNGEL CARACUEL Veterrinario y bromatólogo

El fraude alimentario sería un incumplimiento deliberado de la legislación sobre oferta de productos, en cuyo etiquetado se informa de una calidad o cantidad superior o diferente a la que contiene el envase con la intención de obtener lucro mediante engaño. Hay distintos tipos de fraude: por sustitución, en el que se sustituye total o parcialmente un ingrediente por otro más barato.

Dentro de este tipo se incluirían las falsas declaraciones geográficas o de especie, así como la falsa declaración del origen de la materia prima o el proceso de producción; en el fraude por adición se añade una sustancia para enmascarar ingredientes de calidad inferior sin informar al consumidor; y en el fraude por eliminación se suprime un componente auténtico y de calidad sin informar ni quitarlo del etiquetado. En 2013, la Food Safety Authority de Irlanda publicó un estudio que reflejaba la presencia de ADN de caballo en hamburguesas de vacuno, y que finalmente resultó ser un problema paneuropeo. Aunque la UE ya contaba con amplios controles y legislación para la trazabilidad y el etiquetado de los alimentos, el escándalo reveló la necesidad de mejorar.

La Comisión Europea propuso un plan de acción reforzando los controles a cinco niveles: creando la base de datos RASFF (Rapid Alert System for Food and Feed), para localizar y retirar rápidamente los productos fraudulentos; un programa de pruebas para detectar ADN de caballo y fenilbutazona; obligación de registrar los pasaportes de los caballos en una única base de datos nacional, ampliación de las normas de etiquetado obligatorias en origen, pudiendo incluir el lugar de cría y sacrificio y, por último, realizando controles sorpresa y aplicando sanciones pecuniarias superiores a la ganancia prevista con el fraude. El incidente fue una lección para las empresas alimentarias, y los controles coordinados, el aumento de pruebas aleatorias y las duras sanciones financieras deben beneficiar a los consumidores al poner trabas y disuadir a aquellos que tratan de cometer fraudes.

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