Gastronomía para todos

GASTRO CONFESIONES

GASTRO CONFESIONES

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

Decía Brillat-Savarin: «La gastronomía es el conocimiento razonado de todo aquello que se refiere al hombre en cuanto ser que se alimenta». Volver a esta definición tiene sentido en un momento en que parte de la sociedad empieza a comer de forma reflexiva, atendiendo a criterios de salud y sostenibilidad, mientras que quienes antes estaban en los huesos por comer menos de lo necesario, ahora protagonizan estadísticas de obesidad. Obesidad que, como señalaba el doctor Juan Pedro López Siguero en el Congreso Nacional de Endocrinología Pediátrica celebrado en mayo en Málaga, «se relaciona con el nivel de ingresos, el nivel de PIB, el nivel de educación de la población. Cuanto más rica es una población, menos obesos hay». Andalucía encabeza en España las cifras de obesidad infantil con un 35%, uno de cada cuatro niños. En EE UU o Inglaterra, donde alcanzan el 40%, más de la mitad de los afectados procede de entornos pobres. Aquí, los especialistas piden la creación de servicios de endocrinología pediátrica en la sanidad pública, y en paralelo, se reclama que las enseñanzas de nutrición se incluyan en los colegios. El sistema ha dado buenos resultados en Japón y Holanda, donde los comedores escolares sirven comida sana, recién preparada con productos de cercanía; o en Islandia, donde los pequeños aprenden a cocinar en el colegio. ¿Cocinar? Sí, cocinar es una forma lúdica de entrar en contacto con los alimentos, ampliar el mapa de sabores y recuperar un hábito cultural que se va perdiendo en las clases populares, que son las que nos han legado la cocina tradicional mediterránea de la que presumimos. Ferrán Adriá va más lejos y aboga por la cocina en los colegios como asignatura transversal para introducir materias como la ciencia. Mientras se abordan estos avances, aquí en Málaga, colegios públicos como Nuestra Señora de Gracia organizan jornadas de cocina, trabajos escolares sobre platos malagueños y hasta un pequeño huerto. Con implicación de los padres y madres. Porque la gastronomía no es de unos pocos, es de todos, y a todos nos compete implicarnos en el arte de comer mejor.

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