FUEGO EN LAS VIÑAS

FUEGO EN LAS VIÑAS

Perder tu medio de vida por culpa de los fuegos en un día es demoledor

A. J. LINN

«Parece que nuestra casa está a salvo, pero el viñedo ha sufrido daños. No nos dejarán regresar en dos o tres días...» Así fue el email que me reenvió el hermano de Susan, casada con un pequeño bodeguero de Napa. Hace tres semanas estuvieron entre los 100.000 evacuados, y desde entonces ellos y otros cientos de viticultores no saben nada. Impresiona el número de fallecidos, 42. Algunos propietarios que han vuelto a sus fincas se han encontrado escenas desoladoras. Las llamas lo han arrasado todo. Edificaciones de más de cien años han desparecido con sus correspondientes viñas. Recuperar una explotación vinícola lleva entre cinco y siete años, durante los cuales no hay ingresos. Solo las bodegas con buena salud financiera pueden afrontar tal situación con algo de optimismo.

Duele imaginar cómo lo están pasando los dueños de las aproximadamente 40 bodegas afectadas. Perder tu medio de vida en un día es demoledor, y aparte de los daños directos, el humo y las cenizas hacen lo suyo. En 2008, la última vez que el fuego arrasó sus viñedos, las uvas Cabernet Sauvignon, de piel gruesa, fueron las menos afectadas por el humo que penetró hasta el subsuelo. Cosechas enteras quedaron inaprovechables, mientras que otras llegaron al mercado por los pelos, recibidas con comentarios como «sabor a humo, a bacon, a cenicero», etc. Esta vez lo tirarán todo.

La experiencia gallega no ha sido distinta. 500 incendios han arrasado 35.000 hectáreas en la DO Rías Baixas. La mayor pérdida ha sido sin duda la explotación entera de Señorío de Rubios, uno de los productores más representativos de la zona. Aparte de sus vinos blancos, tintos y espumosos, estaba en pleno proceso de recuperación de algunas uvas autóctonas patrimoniales. Un drama.

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