Frugalidad

«La alimentación mediterránea ha sido históricamente muy frugal»/
«La alimentación mediterránea ha sido históricamente muy frugal»

En el mundo, más de un diez mil millones de personas pasan hambre y más del doble sufre obesidad

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

Acaban de publicarse las conclusiones de la EAT-Lancet Commission, que ha reunido a 30 eminencias del planeta para pensar en cómo alimentarnos de forma saludable y sostenible. La comisión parte de la evidencia de que en el mundo más de un diez mil millones de personas pasan hambre y más del doble sufre obesidad y enfermedades relacionadas con ella, y también de que el actual nivel de esquilmación de recursos, contaminación y desperdicio, es insostenible, por lo que, tras diversos estudios, ha propuesto un modelo dietético que permitiría alimentar de forma saludable a toda la población mundial. Esta dieta implica rebajar drásticamente el consumo de azúcar y proteínas animales, pero, sobre todo, reducir drásticamente la ingesta de comida diaria. En concreto, la 'Dieta Saludable Planetaria' aconseja consumir 550 gramos diarios de verduras y frutas, 230 gramos diarios de cereales de grano entero (la ración de pan y el arroz estarían incluidos ahí), 250 gramos diarios de productos lácteos (un vaso de leche lo cubre), 100 gramos diarios de proteína de origen vegetal (legumbres y frutos secos), y un máximo de 28 gramos al día de pescado, 25 gramos de pollo, 14 gramos de carnes rojas, 1 huevo y medio (a la semana), 50 gramos de grasas y 30 gramos de azúcar. Pesen y pónganlo todo sobre una mesa y verán. Claro, las raciones de carne o pescado se pueden concentrar en un día, pero aun así, la cantidad total de pollo que deberíamos comer a la semana es de 175 gramos. Hablando sobre la pervivencia de la dieta mediterránea, el eminente médico y humanista Federico Soriguer recordaba un aspecto olvidado sobre nuestro modelo alimentario, hoy reducido a mero arquetipo: «La alimentación mediterránea ha sido históricamente muy frugal». Esta semana, viendo la película iraní 'El viajante', me quedó grabada una escena en la que la pareja protagonista, de clase media, va a disfrutar de una cena especial. En la mesa hay una ensalada verde y un escueto plato de pasta, y el hombre exclama: «¡Qué festín!». Claro, no están gordos. Ni tampoco esqueléticos.

 

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