FABRICAR ESTRELLAS... SIN GARANTÍAS

A. J. LINN

Con la presentación de las nuevas distinciones Michelin europeas, la guía continúa su incuestionable imperio sobre los aficionados a restaurantes refinados. Y con cada edición surge siempre la polémica. En Bélgica se ha producido un revuelo: la parte flamenca ha obtenido cinco veces más estrellas que la valona. Pero polémicas aparte, las míticas estrellas son la ilusión de cualquier cocinero ambicioso. ¿Hay fórmulas para lograrlas? Veamos. Hace algunos años, si alguien pretendía fabricar una bomba, conseguir la información adecuada era casi imposible. Hoy, en la era de las comunicaciones, basta meternos en la 'Internet oscura' y aparecen cientos de tutoriales, pero no hay garantías, y si nuestra bomba explota antes de tiempo, no tenemos soluciones. Volviendo a nuestro asunto, los cocineros cuyos restaurantes recibieron las primeras estrellas no sabían qué era Michelin ni qué significaba una estrella, y hoy hay toda suerte de explicaciones en la red. No se trata de una ciencia exacta, y cualquiera con algo de sentido común llegaría a las mismas conclusiones. El aspirante empezará por captar la atención de los 'ojeadores' con menciones en redes sociales, medios locales y guías. Una vez fichado como 'digno de atención', tarde o temprano acontecerá la primera visita del inspector. Pasará desapercibida. Probablemente la segunda también. Y habrá más. Como consecuencia de la polémica belga, se reveló que La Paix, en Bruselas, fue visitado 12 veces, y Sea Grill, ocho en el mismo año. Dejando claro que no existen chefs Michelin, sino restaurantes Michelin, las claves son, aparte de la cocina, servicio de sala, instalaciones y ambiente. Además, página web con carta, lista de vinos, precios, fotos del establecimiento, etc. Bueno, ya lo sabemos, pero recuerde, sin garantías.

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