Un encuentro con el anisakis

Un encuentro con el anisakis

ANDREW J. LINN

El teléfono sonó a una hora inusual. Una tos. «Juan, ¿por qué me llamas?». «Porque estoy fatal y quería saber cómo estás tú». Al saber el médico de Urgencias que habíamos comido ceviche, no dudó en ingresar a Juan en observación para extraer los parásitos de anisakis por endoscopia. A mediodía no quedaba ni rastro. Tuvo la fortuna de dar con un médico malagueño que entendía el 'efecto anisakis'. Juan no es el único que ha pasado por semejante trauma, pero fue afortunado. Resulta que el anisakis no es una enfermedad en sí (siempre que no haya reacción alérgica por parte del afectado) ni requiere medicamentos (no los hay). Dicho esto, hay personas infectadas que han eliminado de su dieta el pescado de por vida por miedo a revivir la experiencia. La verdad es que al principio es una simple alteración interna, consecuencia de una invasión por cuerpos extraños, los cuales, si no son extraídos rápidamente, mueren y fermentan en el estómago. Casi todos los problemas derivados se deben a un pronóstico fallido y/o la falta de una rápida intervención. No consta ninguna muerte. Las recomendaciones oficiales consultadas advierten que los gusanos que pueblan cualquier clase de pescado no mueren salvo con días de congelación, o cocidos a altas temperaturas. Dicho esto, y con o sin tales medidas, en EE UU no llegan a más de 10 casos al año, mientras que en España hay 150 y en Japón, más de 1.000. Por regla general, si comemos sushi, sashimi, ceviche, huevas de salmón, boquerones en vinagre o pescado ahumado, corremos el riesgo de ingresar el parásito, el cual tiene que ser eliminado mecánicamente, o queda en el estomago pudriéndose. Para desquitarnos, una semana después fuimos al mismo restaurante a dar cuenta de un rodaballo... Asado.

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