DIOS ESTÁ EN EL ESTÓMAGO

DIOS ESTÁ EN EL ESTÓMAGO

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

Desde que se consolidó como especie, el ser humano ha buscado en la religión la paz espiritual, la protección frente a diversos males y la trascendencia. Curiosamente, todas las religiones han establecido preceptos dietéticos para acercarse a dios por medio de la purificación y el equilibrio, desde los ayunos a la prohibición del consumo de uno u otro alimento. Hoy, con todo lo que la ciencia ha revelado acerca de nuestra fisiología, sabemos mejor que nunca que la dieta influye, a través del estado físico, en las emociones, en las energías y en nuestra manera de ver el mundo. Descubrimos que muchos de aquellos preceptos de los credos monoteístas o politeístas, occidentales u orientales, tienen fundamentos aceptables también desde un punto de vista laico o pragmático. Salah Jamal, autor de un inestimable best-seller de la cocina de Oriente Medio, 'Aróma árabe recetas y sabores', y médico de profesión, explicaba hace años en una conferencia en Málaga que el rechazo del cerdo en el Corán, escrito hacia el siglo VII, tenía relación con la falta de adaptación de un animal desprovisto de pelo y de piel no transpirable al desierto, donde para mantener la humedad externa se veía obligado a revolcarse en sus orines, y que además competía por la comida con los humanos. La relación entre comida y espiritualidad daría para un tratado, pero hoy vivimos en un mundo mucho más materialista, entre otras cosas porque mucho de lo que antes era abstracto o inexplicable ya no lo es. Y sin embargo, las elecciones dietéticas se defienden con el mismo dogmatismo que criticamos en algunas religiones. Un ejemplo es el documental estadounidense 'What rhe health', disponible en la plataforma Netflix. En este caso se defiende el veganismo con una falta de rigor que haría sonrojar a cualquier vegano serio, pero el mercado está inundado de biblias que prometen el cielo si comes fermentados, eliminas el gluten o los lácteos... Está claro que Dios se ha mudado a nuestro estómago. Me pregunto si alguna inquisición nos mandará a la pira por pedir sentido común y un poco de información fundamentada para los consumidores.

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