Dilemas y veganos

Dilemas y veganos

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

En un contexto donde cada vez nos alimentamos más 'a la carta', es decir, seleccionando o eliminando de nuestra dieta parte de los innumerables productos que nos ofrece el mercado en función de decisiones informadas, convicciones ideológicas o creencias infundadas, hay un colectivo que parece exasperar por igual a determinado sector de la restauración, de la comunidad científica o cientifista y, sobre todo, de la opinión pública. Me refiero al vegano. En muchos restaurantes aún no se prevén platos de carta o posibles modificaciones en la oferta habitual para satisfacer la demanda de un cliente que pide no comer productos de origen animal.

El hecho de tener que suplementar la dieta con vitaminas del grupo B, único tipo de nutrientes en que esta dieta parece ser deficitaria, hace que muchos se echen las manos a la cabeza, como si otras dietas o antidietas (basadas en platos preparados, comida rápida o exceso de carnes, grasas, azúcares y sal) fueran mucho mejores y completas en sí mismas. Pero lo peor es el hostigamiento ideológico. Recientemente, la presentadora de un programa de la BBC ha sembrado la discordia entre veganos y 'veganofóbicos' al plantear que el hecho de que determinados cultivos agrícolas se polinicen artificialmente trasladando colmenas de abejas en la época de la floración puede entenderse como explotación animal, y que, por tanto, los veganos deberían abstenerse de consumir estos productos si quieren ser coherentes.

Ocurre que además, entre los alimentos para los que se usa este tipo de polinización, están los aguacates y las almendras. Toma dilema. Por supuesto, el polémico método no se usa siempre, pero resulta difícil determinar con certeza que nunca vas a comer aguacates o almendras cultivados con explotación apícola de por medio. La conclusión fácil ante todo esto es que todos los extremismos terminan abocándonos a comportamientos absurdos. Tal vez ese uso de las abejas contribuya a preservar las especies melíferas, tan amenazadas. En todo caso, si la polémica nos sirve para saber más sobre cómo se produce lo que comemos, bienvenida sea.

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