'Diamantes de sangre' en el plato

'Diamantes de sangre' en el plato

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

El mundo mediático ignora los matices y las explicaciones, y a fuerza de repetir una afirmación, un alimento se convierte en la piedra filosofal para luego ser arrojado a los infiernos con la misma falta de rigor argumental.

Que el chef J. P. McMahon, abanderado de la nueva cocina irlandesa, se niegue a servir aguacates en sus restaurantes es lógico, porque nada tienen que ver con su cultura gastronómica. Que sienta la necesidad de explicar en Instagram el porqué, en un momento en que parece que no puede haber desayuno saludable sin el preciado y precioso fruto verde, tiene también su lógica. Pero de su prolija explicación, donde habla de su apuesta por los productos locales y de estación, trasciende una frase no pronunciada por él, según la cual los aguacates serían los 'diamantes de sangre' de México.

Sí dice el chef que «la obsesión del mundo occidental con el aguacate ha supuesto una presión sin precedentes sobre los productores y un aumento de precios que ha llevado a que haya incluso denuncias de que los cárteles de drogas controlan sus lucrativas exportaciones. Además, se están talando bosques para dar espacio a plantaciones intensivas que contribuyen al efecto invernadero y amenazan las reservas de agua».

McMahon recoge argumentos que también se pueden aplicar a la soja, el maíz, el cacao, el café, los langostinos de piscicultura o la perca del Nilo, por mencionar solo algunos alimentos, porque la producción intensiva comporta inevitablemente la destrucción de ecosistemas y la transformación de la economía y la cultura de las comunidades; gasto de agua, huella de carbono, y un largo etcétera de consecuencias. McMahon, que en su política de consumo de Km 0 hace concesiones al AOVE italiano o al feta griego, podría ser invitado por los productores de subtropicales de la Axarquía para ver cómo, en estos meses del año, podría ofrecer en sus restaurantes aguacates sostenibles cultivados en la UE, pero en el fondo lo importante es que está poniendo el dedo en la llaga de una de las cuestiones más cruciales para nuestro futuro. Qué comemos, de dónde viene y cuál es su coste real.