cocineros ‘manu militari’

ESPERANZA PELÁEZ

Lo confieso, me gustan los concursos televisivos de cocina. Tengo colegas que los denuestan, pero en general estas fórmulas, importadas de la televisión británica (en el caso de MasterChef) y EE UU (Top Chef), son entretenidas, y me he llegado a tragar en Internet hasta la versión tailandesa.

En España tienen sus peculiaridades. El ritmo es menos trepidante porque la duración se alarga de los 50 minutos originales a varias horas. En Top Chef se hace abuso de la telepromoción y se magnifican rivalidades personales hasta el punto de malograr la imagen de algunos concursantes, pero el jurado hace valoraciones técnicas y trata a los aspirantes con respeto.

En ese aspecto, MasterChef, programa que además emite la televisión pública, es todo lo contrario (no entro en el formato infantil, que no sigo y que sí discuto). Por lo general, quienes acuden a estos concursos son personas aficionadas a la cocina, incluso grandes cocineras y cocineros domésticos, en muchos casos con ganas de dar el salto al mundo profesional. En nombre de un supuesto amor y respeto a su profesión, y en parte por exigencias del guión y del formato, aquí el jurado se convierte en una suerte de triunvirato al más puro estilo del Sargento Hartman de La chaqueta metálica, con licencia para mandar firmes, humillar y tirar por tierra platos ejecutados con nervios, inseguridad y esfuerzo, y a menudo con desconocimiento.

Porque una cosa está clara, la cocina profesional es un oficio que requiere una técnica, una capacidad de organización y unos conocimientos que no se aprenden en tres meses de programa ni en seis meses de suscripción a una escuela de cocina online. Por eso, cuando en particular uno de los miembros del jurado acusa a un aterrorizado concursante de ofender su elevada profesión con un mal plato o una actitud que no sea de sumisión absoluta, me pregunto si ese tono cruel responde a exigencias del guión, en cuyo caso digo, humildemente, que a mí me quita las ganas de seguir contribuyendo al programa con mis impuestos.

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