Eboka: Cocina de herencia

Eboka: Cocina de herencia
Sur

Una sabia combinación de sabores populares maridada con vinos especiales

ENRIQUE BELLVER

Antonio Fernández sabe muy bien presentar su oferta gastronómica y vinícola. Ha conseguido, creo que desde sus inicios, interesar al cliente en la cocina pero a través de los vinos. Son precisamente los vinos, o mejor quizá, la selección que de estos hace en cada menú y en cada mesa, lo que ha cautivado y fidelizado a una clientela que acude a Eboka casi más por lo que sorpresivamente va a beber que por lo que plasma la carta, aunque, eso sí, no podemos olvidarnos de esa cocina de herencia o cocina popular heredada a través del tiempo de madres y abuelas, la que aparece en la carta. Esa es la esencia de este restaurante situado en pleno centro de la ciudad. Lo cierto es que el cambio de ubicación y también de cocina y estilo experimentado hace poco más de un año ha sido un acierto. Antonio había conseguido en Dom Vinos que una cocina de 'quinta gama' llegara a entusiasmar a un buen número de clientes por medio de ofrecer vinos poco vistos en Málaga.

Eboka ofrece múltiples posibilidades a la hora de elaborar un menú en función de los vinos y de lo que ese día haya habido en el mercado. Si nos fijamos en la carta, nos vamos a encontrar con dos estilos muy bien diferenciados: por un lado, la cocina creativa que en estos momentos elabora su jefe de cocina, Antonio González, cocinero que se formó en la Escuela de Hostelería Santo Domingo de Archidona y, por otro, la llamada cocina de herencia por Antonio, que no deja de ser eso, la cocina popular que se hace en las casas malagueñas pero con un toque de evolución. Tampoco hay que olvidarse de las sugerencias que a diario se preparan. Mi recomendación, y así hice, es abandonar nuestro paladar a lo que nos sugiera Antonio, incluidos los vinos.

Dirección:
Pedro de Toledo, 4.
Teléfono:
952 124 671
Web:
www.ebokarestaurante.com
Cierra:
No cierra.

Para ir abriendo boca, el gazpacho de remolacha con helado de yogurt y pipas no suele faltar de la carta en esta temporada. Fresco en boca y con un sabor comedido que a pesar de todo ensombrece el del helado. En cambio, el vino servido con este plato, Don Pepe, resultó perfecto. Cada vez más me gusta este blanco malagueño de Cortijo La Fuente por esa crianza biológica que le aporta una elegancia de notable alto. Incluso este vino me gustó mucho más que el Dolç Mataró que acompañaba al foie fresco con reducción de vino tinto. En esta ocasión me quedo con el foie por muchos motivos, el principal, sin duda, el punto de plancha. Muy colorista y rica en matices me resultó la crema ajoarriero con morcilla de Ronda y potente de sabor y finura a la vez el plato de cuchara del día, una sopa trajinera. El almuerzo continuó con una croqueta de pescado, solamente correcta, un lomo de corvina con verduras en tempura con una salsa de azafrán muy lograda y solomillo de ibérico con setas y castañas. Una vez más, en este plato volví a reencontrarme con esa cocina de herencia readaptada a los nuevos gustos y tendencias. El postre, como no podía ser de otra manera, estaba hecho por Candy. Es todo un lujo tener como compañera a una gran repostera.

Eboka es un clásico creativo, por su cocina y por esa carta de vinos perfectamente explicada donde el cliente sabe al momento si es un vino ecológico, tiene crianza, es de Málaga, tiene una peculiaridad especial, etc. Me gusta esta casa por muchas razones.

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