Cocina 'clandestina' en el centro de Málaga

Cocina 'clandestina' en el centro de Málaga

Un espacio culinario en el centro de la ciudad repleto de sabrosas curiosidades

Enrique Bellver
ENRIQUE BELLVER

Cladestino, en pleno centro de nuestra capital, se sale de la norma y una vez más, las cosas no son como puedan parecernos a simple vista. La primera vez que se pasa por su puerta la impresión es que podría tratarse de uno más de los varios locales de la zona cuya oferta gastronómica es reiterativa y similar.

Pero cuando penetramos en su interior y probamos algunas de sus especialidades, entonces se comprueba de primera mano, o mejor de primer sabor, que esta casa hace gala a su nombre, L'Atelier Clandestino, o lo que es lo mismo, un taller semioculto, en este caso gastronómico, pues está repleto de sabrosas curiosidades.

Datos de interés

Dirección:
Niño de Guevara, 3
Teléfono:
951 152 391.
Web:
www.grupodestinohostelero.com
Cierra:
Lunes
Precios:
Pilesko, 9,95 euros; pulpo braseado, 15,50 euros; Parrillada 2 personas: 38 euros.
Valoración:
Cocina: 7. Sala: 6, Vinos: 6,5. Calificación: 7/10.

Al frente se encuentra Óscar, ojo que todo lo ve y que está muy pendiente de lo que sale de la cocina con un objetivo concreto, que el cliente disfrute, se relaje y que además la comida haya sido satisfactoria y de su gusto.

En Clandestino vamos a encontrar o encontrarnos estas situaciones. Un espacio cálido, cómodo, con un pequeño jardín vertical en la sala que combina la rudeza del ladrillo con la suavidad de los tonos de color de los cuadros que se encuentran en las paredes. Todo pensado para crear una atmósfera que garantice el relax al comensal a través de una cocina que fusiona platos muy nuestros con otros de marcada influencia asiática y latina.

Óscar lo tiene claro, el cliente es la parte más importante de este taller gastronómico y sus gustos son la esencia de la cocina. Personalmente me gustó el juego de esa cocina clandestina que se deja vislumbrar en la carta, una carta quizá demasiado ecléctica en el enumerado de sus platos, pero bien medida en cuanto a la diversidad de los productos. Unos pocos entrantes donde aparecen las berenjenas fritas y aderezadas con miel de caña o una provoleta gratinada con verduras, aunque el entrante que más destaca son las croquetas de choco. Pero puestos a elegir entrantes que se puedan compartir en la mesa, la ensaladilla rusa de esta casa se lleva la palma, incluso por encima de la tópica ensalada césar clandestina.

Mi experiencia en Clandestino fue muy satisfactoria al abandonarme por entero a las distintas sugerencias del jefe de cocina. Creo que es aquí, en las sugerencias, donde la cocina de Clandestino se muestra con más personalidad. El tataki de atún, ahora en plena temporada, llegaba a la mesa a su temperatura y, por supuesto, en el punto de crudo que requiere. Los paladares más carnívoros lo tienen mucho más fácil, ya que la abundancia de platos de carne contrasta con la parquedad de las sugerencias marinas.

La parrillada gourmet es muy tentadora (solomillo, entrecot de ternera, chuletitas de cordero, chorizo criollo, secreto ibérico y pollo braseado), un conjunto hecho a la brasa que es el final perfecto para que pueda ser compartido por todos los comensales de la misma mesa. El punto de las diferentes carnes, muy conseguido. Otro atractivo reside en la carta de vinos, algunos de corte muy actual a precios bastante comedidos que junto a un servicio joven y agradable convierten este taller gastronómico en uno de esos restaurantes del centro de Málaga que reúnen los requisitos para ser un lugar de encuentro culinario de un público joven que busca cocina y diversión.

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