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Restaurantes en Malaga

Tradición y vanguardia se fusionan en el merendero más internacional

Playa Miguel actualiza la fórmula clásica del chiringuito para convertirse en un ‘beach club’ que ofrece camas balinesas y sushi
08-07-2012 - Alberto Gómez / Alejandro Díaz
Tradición y vanguardia se fusionan  en el merendero más internacional
Playa Miguel está ubicado en pleno paseo marítimo de La Carihuela.

Suena ‘Last dance’, de Donna Summer, mientras una pareja saborea sus abultadas hamburguesas y bebe vino blanco. La escena podría enmarcarse en una taberna de Chicago, Sydney, Ibiza o cualquier otra parte del mundo. Tiene lugar, sin embargo, en mitad del paseo marítimo de La Carihuela, cuna del pescaíto frito. Allí Miguel Sierra ha revolucionado con incontestable éxito el concepto de chiringuito hasta convertirlo en un moderno club de playa.

Basta echar un vistazo a las pieles enrojecidas para deducir que el grueso de la clientela de Playa Miguel son turistas provenientes de países del norte y el este de Europa que encuentran en este particular merendero un refugio hecho a su medida. Es el resultado del afán de su propietario por aunar tradición y vanguardia, por importar las ideas recogidas en sus múltiples viajes y fundirlas con las costumbres locales. 

De este modo, la carta está trufada de sándwiches, bocadillos, enchiladas y sushi, pero también de coquinas, espetos de sardinas, rape, dorada, gambas o brochetas de pulpo. Todo parece tener cabida en Playa Miguel, que rebasa las funciones propias de un chiringuito y ofrece también servicios de cafetería y apartahotel; cuarenta años de historia y más de sesenta empleados terminan de configurar este pequeño feudo costero.

Una de sus señas de identidad son las camas balinesas situadas en la arena, capricho perfecto para los clientes de mayor poder adquisitivo. Su precio es de 45 euros e incluye una botella de champán. También disponen de una versión más económica; el alquiler de dos hamacas no supera los 10 euros. Dos camillas de masaje blindadas por cortinas blancas, tarjetas premium y una amplia gama de cócteles y aperitivos aderezan la estancia en uno de los locales más selectos de La Carihuela.

«No sé si soy uno de los mejores hosteleros de la costa, pero seguro que soy uno de los más inquietos», sentencia Miguel Sierra. Su historia, trazada a golpe de esfuerzo y originalidad, es la de un hombre reinventado en no pocas ocasiones. Con tan solo 13 años comenzó a trabajar en busca de propinas en los apartamentos Belvedere, inaugurados La Carihuela en el mes de agosto de 1963. Allí conoció a personajes de la talla de Ernest Hemingway, Orson Welles o Antonio Ordóñez.

A finales de la década de los sesenta se lanzó al negocio de los chiringuitos, pero no fue hasta 1972 cuando fundó Playa Miguel; por entonces su extensión era la de un merendero de apenas dos metros cuadrados y unas hamacas. Aplicó desde el inicio uno de sus secretos, que recalca una y otra vez durante cualquier conversación: «Al cliente hay que cuidarlo, tratarlo bien, hacerle sentir querido… Hay que prestarle la máxima atención». Por eso, Miguel Sierra fue uno de los primeros en llevar las consumiciones a las tumbonas.

Años más tarde, adquirió un local frente al chiringuito, que comenzó sirviendo como almacén y que acabó convirtiendo en una moderna cafetería. También amplió el negocio con los apartahoteles. Es la otra receta: actualizarse continuamente. Y no es sólo una cuestión de imaginación: «He viajado mucho y he estado en los mejores hoteles del mundo, de ahí he sacado mis ideas».

Para ello se ha apoyado en una figura fundamental en los últimos años: la de su hijo, Miguel Sierra Priego, hacia quien su padre se deshace en elogios y quien garantiza el futuro del local. Él informatizó el negocio; lo llevó a la Red a través de una participativa y dinámica página web y consiguió que Playa Miguel ofertase, hace ya ocho años, servicio de wifi para todos sus clientes.

Es el equilibrio entre pasado y presente, la demostración de que es posible actualizar la fórmula clásica de los merenderos para atraer nuevos clientes, aunque ello suponga renunciar a algunas de sus características más tradicionales. Playa Miguel se despliega para revelarse como un ejemplo de fusión. Un chiringuito si quiere, o un beach clubsi lo prefiere. Una atención perfecta. Y un anfitrión insuperable, que es historia viva de La Carihuela y que mira al futuro con una sonrisa «porque así hay que mirarlo, y sin quedarse dormido».

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