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La Cepa, en Fuengirola: una historia escrita por tres generaciones

Fundado en 1959, el chiringuito de la familia Cortés comenzó con cuatro palos y un toldo y hoy es un referente de la hostelería playera
10-08-2012 - Alejandro Díaz / Alberto Gómez
La Cepa, en Fuengirola: una historia escrita por tres generaciones
En su fundación, en 1959, La Cepa apenas contaba con algunas mesas y un toldo.

Había que ir en bicicleta a por las barras de hielo que, en una pequeña cavidad de la instalación levantada sobre la arena de la playa, daban frío a unas pocas botellas de cerveza o vino. Sobre unas estanterías improvisadas: coñac, aguardiente, refrescos. Eran los primeros merenderos. El germen de los chiringuitos.
Fue el caso de La flor de la penca, donde comenzó la historia de La Cepa, hoy un celebrado chiringuito del paseo marítimo de Fuengirola situado junto al puerto deportivo de la localidad y que en 1959, el año de su fundación, era un merendero clásico. Es decir: no se servían entonces comidas, sino apenas unos refrescos por la tarde.
Pero con el desarrollismo de la década de los años 60 todo cambió. Comenzaron a servirse los primeros espetos que se asaban directamente desde la arena. Después comenzó a freírse el pescado, para lo que se usaban unas grandes sartenes posadas sobre una lumbre de carbón. La clientela, aunque en aumento, apenas la conformaban diez familias que acudían a Fuengirola a pasar la época estival.
El progreso se notaba también en las pequeñas cosas, y así la bicicleta con la que iban a por hielo se convirtió en una motocicleta y la infraestructura efímera en un kiosco más sólido patrocinado por una conocida marca de refrescos. Las diez familias pasaron a veinte. Luego a treinta. Y así hasta que La Cepa se consolidó durante los años 80 como uno de los referentes de la costa fuengiroleña.
En el año 1989 el merendero, hasta entonces desmontable, pasó a ser una construcción que ha conseguido evolucionar a pesar del mar de incertidumbres que a veces se cierne sobre esta seña de identidad del turismo mediterráneo, debido a las breves concesiones administrativas y a la falta de acuerdo entre las diferentes instituciones. En el año 2009 La Cepa celebró medio siglo de historia. Y lo hizo con una carta que, como la de hoy, tiene mucho de tradición, de comida casera.
Paellas, espetos y frituras continúan haciendo las delicias de una clientela fiel que hace las veces de familia. Es el caso de Francisco Gutiérrez, empresario jienense que se confiesa «un histórico» de La Cepa, algo que corroboran los veinte años que lleva acudiendo, fiel, a su cita con el chiringuito fuengiroleño. Gutiérrez valora que sirvan el que considera «los mejores espetos del mundo», destaca el ambiente que se respira y lamenta que no abra también durante el invierno. «Si lo hiciera, sería el número uno», sentencia.
Pero si algo define a La Cepa es su carácter familiar. Antonio Cortés y Josefa Perea levantaron un negocio en el que hoy trabajan sus nietos; tres generaciones que han conseguido hacer de aquel kiosco montado a partir de cuatro palos y un toldo todo un referente de la hostelería playera en la Costa del Sol. Su historia, como la del resto de merenderos colindantes, está forjada a base de sacrificio y jornadas maratonianas de trabajo. Se han convertido en atractivos de primer orden para el turismo que recala en Fuengirola. Quizá por eso les resulta especialmente doloroso tener que hacer frente a sanciones y obstáculos administrativos que juzgan «innecesarios e injustos» por parte del Ayuntamiento.
La capacidad de adaptación de estos locales explica su supervivencia a lo largo de décadas. La Cepa es un buen ejemplo, y prueba de ello es que cuenta con página web propia y perfiles en varias redes sociales. Y es que los más jóvenes de la familia Cortés aportan aires renovados sin perder de vista las viejas costumbres, esos principios inculcados por los abuelos Antonio y Josefa. «Esto es más que un restaurante, nos gusta el ambiente y es lo que sabemos hacer porque desde pequeños hemos visto luchar a nuestros padres y abuelos», afirma uno de los nietos de los fundadores.
Es la fórmula infalible, una dualidad común en la mayoría de los locales de la costa malagueña pero con diferencias sustanciales a la hora de ponerla en práctica. Porque, aunque todos guarden esa alianza entre tradición y modernidad como la clave de su éxito, ningún chiringuito es igual a otro. Y eso es precisamente lo que provoca que su conjunto resulte tan peculiar como necesario.

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