El cabaret Tropicana es un lugar mítico de La Habana. En los años 30 se convirtió en uno de los iconos de la capital de la isla caribeña. Juan Serrano es el precursor del chiringuito Villa Tropicana, situado en la playa de la costa de Mijas. En uno de sus muchos viajes por el mundo, recaló en el Caribe y quedó prendado, como Hemingway, de su magia. Y de sus días en La Habana nació la idea de crear un rincón en la costa mijeña que evocase la estética de los locales del Caribe: luz, madera y espacio.
Juan Serrano lleva desde los 18 años en el mundo de la hostelería. Después de una época de aprendizaje, durante la que vivió en Londres y Manchester, comenzó a trabajar en el sector de la hostelería para una importante empresa. A finales de la década de los ochenta decidió emprender su propio negocio con un pequeño restaurante en la Reserva de Marbella. Tras volver a trabajar para las grandes cadenas hoteleras, aterrizó hace una década en las playas mijeñas, donde levantó el chiringuito Villa Tropicana.
Se considera un apasionado de los merenderos. Ha estudiado a fondo su evolución: cómo cientos de familias humildes hicieron de los pequeños pueblos de la costa una forma de ganarse la vida que contribuyó al boom del turismo de los sesenta y al progreso económico de toda la Costa del Sol.
Ubicado en Mijas Costas, a los pies de la Urbanización Calaburras, el negocio, en su día pintoresco, requería ser actualizado cuando Juan Serrano se hizo cargo de él. A pesar de las incertidumbres que planean sobre el sector por la duración de las concesiones, Serrano no dudó en invertir y realizar una reforma integral. El cambio de estética se tradujo en un perfecto encaje con el entorno. La armonía del salón se conjuga con una oferta que no escatima en calidad.
No obstante, para adaptarse a la actual situación económica, Villa Tropicana mejoró su oferta ampliando su carta. Consciente de que los chiringuitos son negocios de carácter familiar y e que las familias han visto reducidos su presupuestos, Serrano ha optimizado su oferta incluyendo menús infantiles y múltiples variedades gastronómicas que completan una carta que no prescinde de los pescados a la espalda o a la sal, la paella o las carnes a la parrilla.
El Caribe está presente en cada rincón de este singular local. La oferta gastronómica contempla un buen número de platos exóticos como las ensaladas tropicales o el célebre pollo con salsa de coco y curry. Las noches temáticas, en su mayoría de carácter caribeño, atraen a la clientela más joven. Las camas balinesas, la pista de baile y la carpa de masaje suponen sin duda un gancho importante. «Nuestro objetivo es que todo el mundo se sienta cómodo», asegura Serrano. Quizá por eso sus comensales abarcan nacionalidades diversas, aunque prevalezca el turismo nacional, al que siguen de cerca los escandinavos, británicos y rusos.
A pesar de la crisis, Villa Tropicana mantiene sus precios desde hace años como estrategia para no perder clientes. «Procuramos tener siempre un trato especial con quien se acerque; a los clientes más asiduos les llamamos por su nombre y todos hemos aprendido algunas palabras de cortesía en distintos idiomas», asegura el propietario de este local de influencia cubana. Serrano, a pesar de todo, se muestra optimista respecto al futuro y cree que la Costa del Sol seguirá siendo un destino de primer orden. «Tenemos que apoyar a los empresarios de la zona, por eso realizamos la compra de verduras y pescado en el mercado local», asegura.
Once empleados forman la nómina del negocio, donde la integración de madera, bambú y brezo conduce a las noches de los famosos chiringuitos caribeños, de estética austera y objetivo lúdico. Villa Tropicana, en definitiva, retrata los esfuerzos realizados por parte de los empresarios playeros, empeñados en luchar contra la crisis y la estacionalidad a base de trabajo e imaginación.