Los camperos llegan a Chamberí

Animados por el éxito en Chueca, los malagueños Encarni Rodríguez y Francisco Rando abren nuevo local en Madrid

Los camperos llegan a Chamberí
Marina Martínez
MARINA MARTÍNEZ

Ya se han ganado al barrio de Chueca, ahora van a la conquista de Chamberí. A Encarni Rodríguez y Francisco Rando les siguen dando muchas alegrías los camperos. Tanto que se han animado a ampliar el negocio. Esta vez en la calle García Paredes, 8 (junto a los cines Verdi). Allí acaban de aterrizar con la misma ilusión con la que llegaron hace ya casi tres años a la calle Barbieri de Chueca bajo la marca Granjero Busca Campero. ¿Los recuerdan? Aquel matrimonio que dejó su Rincón de la Victoria por Madrid para emprender un nuevo rumbo. Apostaron todo a una carta, el campero, y de momento no se arrepienten. Al contrario. En su primer local cierran a las seis de la mañana los fines de semana porque tienen que marcarse una hora, si no podrían seguir algunas horas más sin echar la persiana. Una media de 400 camperos cada fin de semana (cerca de 700 en un día en la celebración del Orgullo Gay) dan buena cuenta del éxito del típico bocadillo de Málaga entre los madrileños… y hasta entre los propios malagueños que acuden a la capital. Más o menos conocidos. Sin ir más lejos, la pasada semana les hacía una visita el barítono Carlos Álvarez.

Ahora se estrenan en Chamberí con la misma ilusión y las mismas ganas de comerse Madrid que cuando hicieron las maletas en 2015. Eso sí, paso a paso. Con pausa a mediodía y cierre a medianoche. «Chueca ya lo conocemos, sabemos que es otro perfil de público. Aquí hay muchas oficinas, colegios, una escuela de música... veremos cómo va la demanda y en función de eso nos adaptaremos», explica Encarni Rodríguez, que para este segundo Granjero Busca Campero se ha buscado una aliada, su hija Paula, que también ha querido poner su granito de arena al negocio. Este con más espacio: treinta metros cuadrados (el triple que el otro) que les da incluso para barra y algunas mesas. Cuatro meses de obras les ha costado verlo en pie. Y todo, como en el caso de Barbieri, por casualidades de la vida. «En realidad estábamos buscando un segundo local en Malasaña, pero los precios allí son desorbitados. Entonces unos amigos nos hablaron de uno que habían visto en Chamberí y nos decidimos a probar», reconoce esta risueña malagueña que en apenas una semana abiertos ya se ha encontrado a un buen puñado de clientes que les han visitado con conocimiento de causa: «Muchos de los que han venido sabían de nosotros por el boca a boca».

Y es que Granjero Busca Campero va más allá de Chueca. Gracias a los pedidos de Glovo, las citas a las que son asiduos como la fiesta mensual del Chocochurro o su foodtruck (ahora aparcada a la espera de eventos rentables) han llegado a oídos de buena parte de Madrid. Incluido Arganda del Rey, donde abrieron negocio hace un año. Sin embargo, las dificultades para adaptarse a la normativa municipal, la distancia y tener socio complicaron el rodaje y tuvieron que cerrar. Ahora todo queda en familia. Con un empleado en el establecimiento de Barbieri y su hija en el nuevo, Encarni y Francisco se manejan bien. De momento, porque desde que llegaron a Madrid no han dejado de crecer. También en carta. A la oferta que ya tenían siguen añadiendo más: la variedad vegana, la tres quesos y el supercampero, para los estómagos más osados (pollo, jamón, lomo, bacon, camembert y cebolla caramelizada). Por no hablar de la idea de introducir ensaladas y pizzas, pero con papel secundario. «La razón de ser de todo esto es el campero», recuerdan estos malagueños que han hecho del típico bocata su vida. Hasta ahora sólo descansaban un día a la semana, con el nuevo establecimiento ya ni eso (en Chueca cierran el lunes y en Chamberí, el domingo). Saben que debe ser así. Al menos de momento. Están acostumbrados, llevan toda la vida al pie del cañón. Y en Madrid ya tres años. ¿Que echan de menos Málaga? Sin duda, pero se conforman con disfrutar agosto y la feria. Ya habrá tiempo de volver. Por ahora son felices sirviendo un trozo de su tierra fuera de casa. Aunque en realidad ellos se sienten ya en casa.

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