Aceite de oliva virgen extra: calidad como seguro de vida

«Puestos a pagar más por los olivas que por aceites refinados de semillas, la diferencia de precio no es tanta, y la calidad del virgen extra compensa»

El descenso de ventas afecta más a los aceites de olivar de menor calidad que al virgen extra. /SUR
El descenso de ventas afecta más a los aceites de olivar de menor calidad que al virgen extra. / SUR
Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

Los últimos informes sobre consumo en España de aceite de oliva (www.olimerca.com) reflejan que el descenso global de ventas afecta más a los olivas de menor calidad que al virgen extra, que ahora mismo encabeza las cifras de consumo superando incluso al muy popular aceite de oliva 'suave' (aceite de oliva refinado y posteriormente coloreado y saborizado con una pequeña proporción de virgen extra). Detrás de esta evidencia hay un razonamiento lógico del consumidor: puestos a pagar más por los olivas que por aceites refinados de semillas, la diferencia de precio no es tanta, y la calidad del virgen extra compensa. En la década de 1960, casi toda la industria chacinera de la provincia de Málaga abandonó el uso del cerdo ibérico tradicional en favor del cerdo blanco buscando ser competitiva en precios. Hoy muchos vuelven al ibérico, porque cualquier pequeño productor sabe que su única baza para subsistir en un mercado de colosos es la calidad. Recientemente, Rosario Ginés Cañizares, natural de Cuevas de San Marcos, fundadora y gerente, manos y alma del Obrador de Pastelería Rosario Ginés, ha sido distinguida por la Junta de Andalucía con el premio Mujer Rural. Criada en el campo y acostumbrada desde niña a trabajar en cualquier faena estacional, desde la recogida de la aceituna o la alfalfa hasta la elaboración de quesos, en los años 80, con motivo de una mala racha en la economía familiar, Rosario se lanzó a vender tortas y magdalenas por las casas usando los productos de siempre, el excelente aceite de oliva del pueblo, harina de calidad, almendras, manteca o miel. Nunca ha dejado de ser una microempresaria sin pereza para ir con su marido a cualquier rincón de la provincia para vender sus productos en mercadillos. Hace ocho años probó sus dulces un hombre de negocios y le propuso ponerla en contacto con una gran empresa de pastelería para poder producir en más cantidad. Ella se negó. «En el momento que me asocie con un grande, pensará en reducir costes y tendré que renunciar a las cosas que me hacen diferente», dijo. Eso es leer el mercado.

 

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