Caléndula Torremolinos, sólida vocación con un toque diferente en Torremolinos

Caléndula Torremolinos, sólida vocación con un toque diferente en Torremolinos

La buena acogida desde el primer momento les ha motivado a continuar creciendo

Marina Martínez
MARINA MARTÍNEZ

Tarde o temprano ocurriría. Tener su propio negocio era cuestión de tiempo. Habían vivido el mundo de la hostelería desde pequeñas. Lorena, desde la sala, en el restaurante familiar El Botijo; Cristina, en la cocina. Heredó la vocación de su padre, Pepe Oneto, pese a intentar disuadirla. «Me decía que estaba loca», recuerda Cristina, que al final lo tuvo de aliado y se formó en la escuela de hostelería de San Roque. De ahí encadenaría un trabajo con otro. Casi siempre, en hoteles. Paralelamente, Lorena empezaba a coger experiencia en el negocio de la familia. Hasta que, casualidades de la vida, el destino cruzó sus caminos. Fue en Torremolinos. Y allí se han quedado. Se lanzaron a la piscina para cumplir un sueño: tener su propio restaurante. Caléndula lo bautizaron.

Casi cinco años han pasado. Desde entonces, se han afianzado como una de las propuestas más sólidas del centro torremolinense. La clave está en una cocina sin alardes ni artificios, clara, pero consistente, con la base de quienes llevan media vida en el oficio, pese a su juventud. «Al principio, no nos atrevíamos a arriesgar, lo más raro que hacíamos era el tartar de atún y aguacate o el hummus con langostinos. Hoy en día, el cliente está dispuesto a probar, tiene la mente más abierta», constatan Cristina y Lorena Domínguez, satisfechas con lo cocinado y con lo que queda por cocinar. La buena acogida desde el primer momento les ha motivado a continuar creciendo: «Nos emociona ver a personas que siguen viniendo desde el principio».

Caléndula Torremolinos

Dirección y teléfono.
Calle Skal, 6. Teléfono: 951 104 642.
Cierra.
Desde domingo por la noche hasta martes mediodía (inclusive).

Empezaron sólo las dos, hoy son ocho en el equipo. Y una carta con sabores reconocibles, basados en la tradición, sin estridencias, y sin faltar el toque personal, creativo y hasta exótico. Informal, pero elegante. Como el bacalao gratinado sobre pimientos rojos caramelizados o el cochinillo sobre crema de manzana. Sin olvidar platos para compartir y tapear como la zamburiña con tomate 'japo' y crema de limón, las croquetas de rabo de toro o frescos contrastes como el alioli de pera y el ketchup de mango. Convicción, pasión, vocación, ganas, gusto, mimo... En cocina y en sala, con divertidos detalles y mensajes. Para empezar, ojo al salvamantel.

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