Burdeos es diferente

El mundo en la mesa

A. J. LINN

En las urbanizaciones de lujo de la Costa tener bodega propia es obligatorio. Un multimillonario suizo a punto de estrenar casa comentó en su club de golf que nada de vinos españoles; sólo los mejores Burdeos y comprados directamente al chateaux para ahorrar. Lo que el bocazas no sabía era que comprar vino a los top chateaux es imposible. Hay intermediarios que lo ofrecen, pero a precios inflados y sin garantía de autenticidad. Cada chateaux tiene su , distribuidor exclusivo, a veces varios.

Los dueños de las primeras bodegas bordelesas eran aristócratas, y aunque les apetecía hacer vino, tener contacto directo con el público no era de recibo. Tras cada vendimia desde aproximadamente 1600 se pone a la venta el vino .

A partir de ese momento los se encargan de todo, y por increíble que suene, a día de hoy Burdeos sigue siendo la única región vinícola del mundo donde los mejores productores de vino tienen cero contacto con los consumidores. Tanto control ejercen los que en algún tiempo fue posible mandar embotellar un vino ensamblado con un 50% de Chateau Latour y 50% de Lafite Rothschild.

Sin embargo, y tras funcionar durante cuatro siglos, han llegado los chinos, que no toleran intermediarios. Al quedarse con el más grande, Diva, (33 millones anuales en ventas), el grupo alimentario líder chino, Bright Food, participado por el gobierno, ya disfruta de acceso directo a la red exclusiva de enchufados de los chateaux.

Sorprendente: cuando Michel Rolland, el conocido enólogo, lanzó su nuevo Pomerol, Le Buen Pastor, con venta directa al público en 2005, desistió al poco tiempo para retornar al sistema tradicional de venta a través de .

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