La batalla de las semillas

La batalla de las semillas

Dos ejemplos cercanos de lo que puede aportar esa recuperación son el tomate huevo toro y la zanahoria morá

Esperanza Peláez
ESPERANZA PELÁEZ

Es indudable que los alimentos vegetales ganan terreno en la cocina y en la alimentación. Lo que no nos planteamos los consumidores de a pie es que detrás de cada hortaliza, fruta, cereal, legumbre, hierba o especia que consumimos hay una semilla, y que para responder a esa exigencia de diversidad, de novedad si quieren, o, mejor, de redescubrimiento, del mercado en primera instancia y del consumidor en tanto que receptor, se está librando a nuestras espaldas una batalla planetaria donde se enfrentan multinacionales, entidades internacionales y gobiernos nacionales y comunidades campesinas de todos los puntos del globo. Uno de los frentes más activos es el de la recuperación de variedades locales frente al avance de las semillas modificadas y patentadas, vendidas por multinacionales junto con sus respectivos paquetes de plaguicidas y herbicidas, que dominan la agricultura intensiva. Los transgénicos horrorizan a unos y son defendidos por otros, pero en todo caso llevamos años consumiéndolos. En la otra parte, la recuperación de variedades locales, promovida a través de las redes de semillas, aspira a la sostenibilidad económica de los entornos rurales tradicionales, por medio de la producción en pequeña escala de cultivos antiguos, poco productivos, pero de gran valor gastronómico, y, dicho sea de paso, con ventajas añadidas como beneficios medioambientales, diferenciación, trazabilidad o estacionalidad. Dos ejemplos cercanos de lo que puede aportar esa recuperación son el tomate huevo de toro del Guadalhorce o la zanahoria morá de Cuevas Bajas. La alta cocina, en todas partes, está apostando por productos de este tipo, que ofrecen calidad y exclusividad. Para el consumidor medio, estos ingredientes y otros son también accesibles a poco que se desplace a mercados locales, pregunte a los fruteros o charle con los agricultores que venden directamente sus productos. Las trabas burocráticas y hasta legales que a veces encuentran estos tesoros para entrar en los canales de comercialización se diluyen en la distancia corta. Y son tesoros accesibles a la mayoría de los bolsillos.

 

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